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'Viaje' alternativo por Ámsterdam

Aunque la capital holandesa tiene mucho que ofrecer, los 'coffee shops' siguen siendo su gran reclamo, tan paradigmáticos como las bicicletas, los canales y los tulipanes. Además, en noviembre celebran su Cannabis Cup.


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Lucía Martín

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Actualizado lunes 17/11/2008 10:03 horas

Hace un frío invernal en la calle y el joven se apresura a entrar en el bar: dentro suena música hip-hop mientras una nube de humo lo envuelve todo hasta el punto de que si permaneces demasiado tiempo en el interior corres el riesgo de marearte. Pero él no ha venido para quedarse: se limita a pedir en el mostrador el género que compra habitualmente, que después se fumará tranquilamente en casa. Fuera no puede hacerlo, a pesar de la permisividad de Holanda con el cannabis está prohibido consumirlo en la vía pública. Estamos en un coffee-shop de Ámsterdam, una institución tan emblemática de la capital y tan famosa entre los turistas como lo son las bicicletas, los canales y los tulipanes.

El primero abrió en 1968, en la localidad de Utrecht y actualmente en la capital hay más de 300 en los que se pueden probar distintos tipos de sustancias, degustar un trozo de space cake (pastel a base de cannabis) o simplemente, saborear una buena cerveza. Se hallan mayoritariamente situados en el Barrio Rojo (el de los escaparates de las prostitutas, denominado Wallen por los oriundos) pero los hay distribuidos por toda la metrópoli. Es fácil dar con ellos: ¡Sólo con pasar delante las pituitarias son invadidas por los intensos vapores que emanan del interior!

El río Amstel, al que la ciudad debe su nombre, nos sirve de guía en la visita.

El río Amstel, al que la ciudad debe su nombre, nos sirve de guía en la visita.

Niels, un periodista local, comenta que los coffee-shop son sobre todo un reclamo para turistas y defiende que los nativos no suelen hacer mucho uso. ¿Seguro? El caso es que en este bar donde nos encontramos la música deja entreoír una mezcla de conversaciones en holandés, español, inglés e incluso chino. Aquí hay de todo y es que Ámsterdam es una de las capitales más populares de Europa, lo que hace de ella una de las más cosmopolitas: es imposible que alguien se sienta foráneo aquí. Lo mejor para recorrerla es hacerlo andando (la urbe tiene poco más de 743.000 habitantes) o sino, decantarse por la que es reina absoluta del asfalto: la bicicleta.

El río Amstel, al que la ciudad debe su nombre, nos sirve de guía en la visita: el cinturón de canales, construido en el siglo XVII, tiene cuatro principales: Singel, Herengracht, Keizersgracht y Prinsengracht, cada uno con su particular encanto. Entre ellos hay un entramado de calles por las que merece la pena perderse: al encuentro del visitante saldrán terrazas, tiendas vanguardistas, galerías de arte, residencias con solera y otras más discretas. Si lo que te interesa es el arte y las antigüedades, por ejemplo, déjate caer por Spiegelkwartier, donde ofrecen sus productos más de 70 galerías, anticuarios y comerciantes.

Barrios efervescentes y remansos de paz

El barrio Rojo, llamado así por el color de las luces que iluminan los escaparates de las prostitutas, esos que sobreviven entre la amenaza anual de ser cerrados por el alcalde y el afán de inversores urbanísticos por convertirlos en tiendas con mejor reputación, es el más famoso. En él conviven sex-shops, con los habitáculos de las meretrices, las smart-shops, locales diminutos donde se vende todo tipo de derivados del cannabis (camisetas, piruletas, setas alucinógenas y demás parafernalia), junto a pizzerías, farmacias y tiendas de alimentación.

Merece la pena acercarse a la pinacoteca de Van Gogh.

Merece la pena acercarse a la pinacoteca de Van Gogh.

Éste es el distrito más visitado, pero hay otros igual de interesantes, o incluso más, aunque menos conocidos. Es el caso de Jordaan, donde residió un Rembrandt arruinado al final de su vida. De suburbio obrero, este barrio ha pasado a ser lugar de residencia de treinteañeros con buena posición económica. Merece la pena sentarse a tomar algo en alguna de sus innumerables terrazas o darse un capricho en sus tiendas de diseño.

También merece un paseo (mejor si es fin de semana cuando hay más ambiente) el grandioso parque de Vondelpark, en Oud Zuid. Cercano al Rijksmuseum y a la pinacoteca de Van Gogh, es el más antiguo de la ciudad. Alberga varios estanques y un museo dedicado al cine. En torno a él se encuentran impresionantes villas del siglo XIX. Aunque para remanso de paz nada mejor que el que ofrece la zona de Begijnhof: esta plazuela medieval a la que se accede por la calle Spui es donde antaño residían las beguinas (mujeres solteras). El lugar se ha conservado tal y como entonces y a pesar de encontrarse justo en el centro de la bulliciosa Ámsterdam, ¡allí no se oye más ruido que el canto de los pájaros o el repicar de las campanas de la iglesia!

En noviembre de cada año tiene lugar la Cannabis Cup

Cualquier momento es bueno para visitar la ciudad pero noviembre lo es más que nunca: en este mes tiene lugar una curiosa competición, no apta para todos los públicos eso sí, que permite ver la ciudad de una forma poco convencional: ¿El torneo del tulipán más amarillo quizás? ¿La vuelta en bicicleta más rápida? No: la Cannabis Cup, que tiene lugar todos los años y que en esta 21 convocatoria se desarrollará del 23 al 27 de este mes. ¿De qué se trata? Pues de una competición internacional (casi todos los participantes son extranjeros venidos de todas las partes del globo) en la que se premia la calidad de la mejor sustancia: un conjunto de jueces lo determina al cabo de cuatro días de probar todas las que compiten. En la edición anterior, por ejemplo, participaron 22 coffee-shops, cada uno proponiendo su género.

La Cannabis Cup está organizada por 'coffee shops'.

La Cannabis Cup está organizada por 'coffee shops'.

Para apuntarse basta comprar la entrada a través de la página web www.cannabiscup.com aunque también puede adquirirse el día que comienza tan singular evento. ¿Precio? 250 euros que dan derecho a votar (y probar, por supuesto) y a participar en las fiestas y conciertos de música que tendrán lugar durante el festival. El encuentro suele estar organizado por los propios cafés y por las empresas productoras de semillas. La ceremonia de apertura tendrá lugar el próximo domingo 23 mientras que el pistoletazo de salida a la exposición tiene lugar al día siguiente. Los autodenominados jueces suelen ir armados de cuadernillo y bolígrafo para anotar las cualidades y propiedades de la sustancia, aunque al final de la jornada a buen seguro que su escritura será ilegible.

Ojo: no hay que olvidar que aunque Holanda tolera el consumo y la venta minorista de hachís y marihuana desde 1976 existen algunas restricciones. Hay que tener más de 18 años para hacerlo, sólo se puede consumir dentro de los coffee-shops, éstos no pueden vender más de cinco gramos por persona al día (antes se permitían 30 gramos) y tampoco pueden almacenar más de medio kilo.

 
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