¿Un Martini agitado -pero no revuelto- en Jamaica? ¿Un duelo a muerte en las nevadas cumbres de los Dolomitas? ¿Una persecución a toda pastilla por la Costa Azul? ¿Una noche de amor en un cinco estrellas de Honk Kong? ¿Una conspiración mundial orquestada desde un paraíso tailandés? Ello sólo puede ocurrir en los filmes de James Bond en los que 'peligro' y 'turismo' van, casi siempre, de la mano.
No nos engañemos: al lado de James Bond, Indiana Jones es un mochilero, un viajero de bajo presupuesto que se mueve por el mundo con dificultades, escaso de ropa, con poco dinero y haciendo uso de los medios de transporte más antediluvianos. Bond, no. El agente secreto más famoso es, en cambio, un turista de altísimo nivel que se aloja en los hoteles más lujosos, esquía en las mejores estaciones, se desplaza a bordo de los jets más veloces, frecuenta los mejores restaurantes y coquetea con la muerte en paisajes que la mayoría de los mortales sólo hollará en su luna de miel. Así ha sido durante casi cincuenta años en los que 007 -llámese Connery, Moore o Craig- han dado la vuelta al globo hasta hartarse. He aquí una pequeña muestra de lo que ha dado de sí este medio siglo de turismo bondiano.

Museo Guggenheim y debajo, Pierce Brosnan frente al Puppy del museo.
El título no dejaba lugar a dudas: en 1999, el mundo no era suficiente para James Bond, de ahí que hubiera de aterrizar en Bilbao para rodar una de las famosas y adrenalínicas secuencias de precréditos. El exterior del museo Guggenheim Bilbao (www.guggenheim-bilbao.es), el inefable perro vegetal Puppy, el puente de La Salve y el edificio con torreón de la calle Iparaguirre con alameda Mazarredo fueron los escenarios de la capital vizcaína en los que se desenvolvió Pierce Brosnan sin apenas despeinarse el tupé.
El rodaje revolucionó aquel Bilbao (www.bilbao.net) que, día sí, día también, se sorprendía ante las rejuvenecedoras virtudes del museo de arte contemporáneo, capaz de convertir una gris ciudad industrial en una marca turística. En el mismo filme, también son reconocibles los áridos perfiles de las cercanas Bardenas Reales de Navarra -que hacen el papel de las estepas de Kazajstán- o un muy fugaz castillo de Eilean Donan (www.eileandonancastle.com), en las Highlands escocesas (www.visithighlands.com).

Cisterna de Estambul y debajo Sean Connery en 'Desde Rusia con amor'.
Si en la primera entrega de la serie -Agente 007 contra el Doctor No (1962)- se abordó de forma tímida el carácter viajero de Bond, en Desde Rusia con Amor, se dio otra vuelta de tuerca al espionaje turístico situando gran parte de la trama en una soleada Estambul, con excelsos planos panorámicos de la Mezquita Azul y sus alrededores, el Bósforo; secuencias en el interior de Santa Sofía y calles aledañas a la muralla milenaria de la ciudad.
Uno de los momentos más significativos para todo aquel que ha pisado la urbe turca tiene lugar a los treinta minutos de metraje, cuando Bond desciende a la cisterna de Yerebatan y se permite el lujo de navegar brevemente por las aguas de este espectacular bosque de columnas con más de 15 siglos de historia. El turista moderno ha de conformarse con conocer el subterráneo caminando sobre las humedecidas pasarelas que existen en la actualidad. Eso sí, las ratas que aparecen en el filme son, afortunadamente, una licencia artística. La estación de Sirkeci, de la que parte el mítico Orient Express (www.orient-express.com) �con destacado protagonismo en la cinta- también goza con varios segundos de gloria. Más información: www.turismodeturquia.com.

Dos secuencias de 'Muere otro día', rodadas en Cádiz.
Cuando las autoridades cubanas dijeron «no» al rodaje de Muere otro día (2002) en el malecón y otros rincones de La Habana, los productores tornaron la vista hacia Cádiz (www.cadiz.es). La ciudad andaluza tendría un reseñable protagonismo en el filme pero no se interpretaría a sí misma, sino que haría las veces de la capital cubana. El resultado de esta operación de maquillaje cinematográfico se puede comprobar a partir del minuto 29, con Pierce Brosnan recorriendo un Campo del Sur transformado y surcado por Cadillacs retro, negros, mulatas y músicos.
El castillo de San Sebastián -convertido en una isla-fortaleza por la magia del celuloide- y la playa de la Caleta son los otros dos enclaves gaditanos con sobrado protagonismo en la cinta. De hecho, es en ese arenal gaditano de donde emerge Halle Berry con el bikini naranja, recreando la famosa aparición de Ursula Andress en la primera entrega de la serie, rodada cuarenta años atrás. Por cierto, la icónica aparición de la Andress en Agente 007 contra el Doctor No fue filmada en la playa Laughing Waters de St. Ann, en Jamaica.

Meteora, en Grecia, sirvió de escenario en 'Sólo para tus ojos'.
A pesar de la variedad y lustre de los paisajes que desfilan en Sólo para tus ojos, esta entrega ochentera es también recordada por la celtíbera persecución que protagoniza el chico Bond de turno -Roger Moore- a bordo de una Dos Caballos amarillo con matrícula madrileña. En su tournée por los presuntos alrededores de un Madrid absolutamente mediterráneo -en realidad, todo se grabó en la Grecia rural-, el agente se topa con pueblitos de una sola calle y jornaleros de la aceituna que masacran los tópicos hispanos más agrestes. El resto del filme es un delirio de localizaciones más que efectistas como el monasterio de la Santa Trinidad de Meteora -encaramado en lo alto de un vertiginoso otero- o los parajes industriales de Becton, en Londres.

Escena de 'Al servicio secreto de su majestad', en la estación de Schilthorn.
A principios del año 1968, todo estaba listo para rodar una nueva entrega de la saga Bond, la sexta, que llevaría por título Al servicio secreto de su majestad. Sean Connery había abandonado el barco, siendo sustituido por George Lazenby, pero la maquinaria de espionaje británica seguía en marcha. Sólo faltaba un detalle: encontrar la localización ideal para la casa cuartel del enemigo de turno, Blofeld, un refugio varado entre montañas nevadas. Tras una larga peregrinación por el Tirol y los Dolomitas, los productores dieron con el sitio idóneo en la estación de esquí suiza de Schilthorn (www.schilthorn.ch), pero había un problema: el edificio principal estaba en construcción.
Ello no amilanó al equipo que corrió con los gastos de las obras para redecorarlo de acuerdo a la estética pop del filme y al imaginario del Bond de finales de los 60. El resultado de aquello es el Piz Gloria, el primer restaurante giratorio del mundo en el que todavía está presente el recuerdo del agente británico. Las pistas aledañas sirvieron de escenario para rodar las persecuciones sobre nieve y otras secuencias blancas. Otras películas de Bond en las que se muestran gozosos parajes invernales son El mundo nunca es suficiente -rodadas en la estación de esquí de Chamonix (www.chamonix.com), en el Mont Blanc-, Sólo para tus ojos -mítica persecución en la estación de los Dolomitas de Cortina d'Ampezzo (www.cortina.dolomiti.com)- o La espía que me amó, finiquitada con un espectacular salto en paracaídas en los picos gemelos de Asgard en Canadá.

Bahía de Phang Nga, donde se rodó 'El hombre de la pistola de oro' (abajo),
A mediados de los años 70, los seguidores de los filmes de Bond ya habían recorrido medio planeta de la mano del agente británico, pero todavía quedaba un sitio por explorar a fondo: la, por aquel entonces, enigmática y luchadora -por aquello del exitoso cine de artes marciales- Asia. El hombre de la pistola de oro (1974) se sumergió, de lleno y de la mano de Roger Moore, en ese mundo y lo hizo a lo grande: la película no ahorra detalles a la hora de mostrar panorámicas de Hong Kong; de la vecina Kowloon �cuyo hotel Peninsula (www.peninsula.com) sirvió de escenario real-; el exhaustivo tour -con persecuciones incluidas- por los canales y las calles de Bangkok o la Ciudad Antigua, el vasto museo de reproducciones en el que James Bond recibe unas clases de karate.
Los responsables del celuloide se guardaron lo mejor para el final: la isla tailandesa de Khow-Ping-Kan y los frondosos pilares de roca que emergen de las aguas de la bahía de Phang Nga y parecen mantenerse en pie de puro milagro. Antes de la llegada de Bond, el lugar era poco más que un secreto sólo compartido por mochileros. Hoy en día, este paraíso forma parte del protocolo de excursiones de un día desde Phuket. Información en: www.turismotailandes.com.

El Puente de Alejandro III y Roger Moore en la Torre Eiffel.
Veinte años antes de que Tom Hanks y Dan Brown aterrizaran en París (www.parisinfo.com) para disfrazar la ciudad de enigmas, conspiraciones y tejemanejes medievales, Bond ya había puesto patas arriba la ciudad de la luz. Lo hizo en los minutos iniciales de Panorama para matar (1985), en una secuencia trepidante y convulsa que abundaba en tópicos paisajísticos y culturales -ese taxista almorzando con vino en el coche...- pero proporcionaba excelsas panorámicas de la capital francesa.
Así, Moore se ve involucrado en un tiroteo en las escaleras de la torre Eiffel, persecución por las riveras del Sena -a bordo de un Renault, claro- y finiquita la carrera en un atropellado abordaje al típico bateau mouche perpetrado desde el puente de Alejandro III. La trama parisina, ya de una forma mucho más relajada, continúa en el hipódromo de Chantilly, recreándose en las formas del castillo homónimo y sus alrededores. Más información en: es.franceguide.com.

Desierto de Chile y escena de 'Quantum of Solace', en cines desde el 21 de noviembre.
La franquicia fílmica de películas continuará mientras cuadren las cuentas: sólo así son posibles periplos y excesos viajeros de James Bond como el perpetrado en Quantum of Solace (2008), donde el globo terráqueo se convierte en un manejable campo de juegos en el que el protagonista salta de Antofagasta y el desierto de Atacama de Chile al lago Garda en Italia, Panamá (www.visitcentroamerica.com) o el lago Constanza �donde se ubica el escenario flotante de Bregenz (www.austria.info)- con asombrosa facilidad. El mundo nunca será suficiente para Bond.
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