Nuestro lector nos descubre el Parque Natural de Cabo de Creus, un lugar único de la costa catalana, en el que la luz de un faro permite apreciar a marineros, viajeros y lugareños la silueta de la última curva del Mediterráneo.
Se trata de la última curva del Mediterráneo, antes de llegar a Francia. Parque natural desde 1998, pasar una noche en el Cabo de Creus supone disfrutar de la compañía constante de la luz del faro y de sentir bien de cerca la erosión del mar y del viento sobre la tierra.Sobre un lugar abierto a la madre Naturaleza, pero al resguardo, casi, del ladrillo que ha avasallado toda la costa española.
El Cabo de Creus es el punto más oriental de España. Después de tres kilómetros de curvas sinuosas desde Cadaqués, se llega hasta este espacio singular, punto final de un Pirineo oriental que muere en el mar Mediterráneo. Suele ser azotado por el viento de tramuntana, un viento del norte conocido en esta zona del Alto Ampurdán, pero que alberga una mística especial para todos aquellos que deciden llegar hasta allí. La misma magia que inspiró a artistas como Dalí o Pla.
De hecho, antes de que fuera protegido por la administración con la condición de Parque Natural, el mismísimo Kirk Douglas rodó en este paraje una escena de La luz del fin del mundo, en la que se batía en duelo con Yul Brynner. El parque natural ocupa en total 14.000 hectáreas y besa, además de a Cadaqués, a las localidades de Llançà, Port de la Selva y Roses, donde puedes recorrer calles y aspirar el aire del Mediterráneo sin el bullicio turístico de Cadaqués.
Una de las mejores experiencias que se pueden vivir en torno al Cabo de Creus es dormir en el mismo promontorio.
Otra posible escapada desde el Cabo de Creus es ascender hasta el monasterio de Sant Pere de Rodes, un espacio de recogimiento, actualmente funcional sólo para turistas, que data de la época medieval. Una vez allí, se pueden contemplar tanto las sinuosas curvas de la costa como, mirando hacia el interior, toda la franja de cultivos y pequeños pueblecitos que otorgan el color amarillo al Alto Ampurdán.
Aunque, sin duda, una de las mejores experiencias que se pueden vivir en torno al Cabo de Creus es dormir en el mismo promontorio. A escasos metros del faro se alquilan una serie de habitaciones, desde las que se puede apreciar el sonido inconfundible del viento, que agita ventanas y puertas provocando un aleteo casi indescriptible.
Las estancias, sólo seis (por lo que hay que reservar con algunos meses de antelación), están orientadas en función de si quieres observar la puesta de sol o recibir los primeros rayos de sol del día. Y todas ellas reciben por la noche, de manera intermitente pero constante, el haz de luz que permite apreciar, a marineros, viajeros y lugareños, la silueta de la última curva del Mediterráneo.
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