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EL VIAJE DEL LECTOR

Soñando con lobos

En el sueño de uno de nuestros lectores aparecen piratas y lobos marinos, los mismos que dan nombre a la pequeña Isla de Lobos, a tan sólo seis kilómetros de Fuerteventura aunque perteneciente a Las Palmas. Desde ahí, dice, lo único que no descansa es la imaginación.

Jesús Arroyo

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Actualizado viernes 10/10/2008 19:28 horas

En este sueño, no aparecen los lobos de la película que protagonizara Kevin Costner, Bailando con lobos. Nuestro sueño es más placentero, en él aparecen piratas y lobos marinos, los mismos que dan nombre a la pequeña Isla de Lobos, perdida en el océano Átlántico, y que llegan a necesitar más de 40 kilos de pescado al día para subsistir.

Con sus apenas cinco km2 de extensión y a seis kilómetros tan sólo de Fuerteventura (aunque realmente pertenece a la provincia de Las Palmas), es el sitio ideal desde donde podemos soñar.

En la isla rememoramos la idea romántica del viaje a través de carreteras desiertas y montañas sagradas como Tindaya.

Si además tenemos unos días, éste es el punto de partida ideal para recorrer Fuerteventura, desde el Norte de Corralejo hasta Punta Jandía y las playas de Sotavento, con Cofete como un destino ineludible, con sus cerca de 140 especies vegetales y animales, con su playa de arena dorada de más de 14 kilómetros de impresionante belleza, catalogada como una de las 10 más bellas del mundo...

En definitiva, una isla con 1.660 kilómetros cuadrados de extensión donde podemos rememorar la idea romántica del viaje a través de carreteras desiertas, montañas sagradas como Tindaya e impresionantes dunas que nos recuerdan que África está a tan sólo 90 kilometros de sus costas.

El último farero

Para estar ya de verdad en el paraíso, sólo falta el Gran Hotel Atlantis Bahía Real. Realizado con mimo y escondido en el paisaje del Parque Natural Las Dunas de Corralejo, este hotel de lujo se aparta del bullicio del puerto y se encuentra en una pequeña playa desde donde se observa la Isla de Lobos, con toda su majestuosidad, cargada de leyendas que hablan de piratas, de focas marinas y del último farero que vivió con su familia hasta 1968.

El sitio, rodeado de palmeras, arcadas y una gran cúpula gallonada, es un lugar para el retiro y el placer. Una vez más, desde nuestra terraza, navegaremos a través de los vientos y las olas que enamoran a los surfistas que llegan a Fuerteventura, atraídos por sus playas vírgenes (más de 170 kilómetros de extensión), donde se celebra el Campeonato del Mundo de Velocidad de Windsurfing.

Desde aquí nos dejaremos seducir por las olas de este edén, saludaremos el islote de Lobos y dormiremos plácidamente en un lugar donde lo único que no descansa es la imaginación. Dulces sueños para todos.

 
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