Hotel Villa Soro. Avenida de Ategorrieta, 61, San Sebastián. Tfno.: 943 29 79 71. www.villasoro.com
25, 15 estándar, 8 superiores y 2 individuales.
Entre 125 y 285 euros, según temporada.
Cuatro estrellas
Lujo, escapadas fin de semana, parejas, familia.
Un deportivo de lujo aparcado en la entrada y una buena colección de la prestigiosa revista FMR en uno de los salones son señales inequívocas de que estamos en un establecimiento donde lo que prima es la calidad, el buen gusto y el lujo. Pero no un lujo ostentoso, ni mucho menos: destaca el refinamiento, los muebles de estilo señorial, la tranquilidad de los salones... Y es que Villa Soro ofrece un perfecto equilibro entre un ambiente acogedor, casi familiar, con el confort de un hotel cuatro estrellas.
El hotel está situado en el centro de San Sebastián, muy cerca de la parte vieja, de la playa de Zurriola y del Kursaal, sede principal del Festival de Cine. La villa fue construida en 1898 por Don Ramón Londaiz para su hija María: se trataba de su regalo por la boda de ésta con Don Luis Gaytán de Ayala. Durante generaciones, la familia vivió en este lugar, cuyo nombre original era Eguzki Soro.
Después, la familia vendió la propiedad que fue íntegramente restaurada manteniendo el estilo de principios de siglo. El palacete cuenta con tan sólo 25 habitaciones: 15 situadas en el edificio principal, distribuidas en varias plantas, y diez en lo que antiguamente ocuparon las caballerizas. Cada una tiene su propio estilo, aunque comparten aspectos como la luminosidad (la luz entra a raudales por los amplios ventanales) y la calidez con la que han sido decoradas.
Y es que aunque uno nunca haya habitado un palacete, en esta casa solariega se siente como en su casa: el salón principal, con su chimenea, sus sofás y las antigüedades, invita a la lectura y al descanso. Además es posible tomar el copioso desayuno en la serre o jardín de invierno, que ha sido convertido en un luminoso comedor. Después, nada mejor que un paseo por los jardines del establecimiento, que fueron diseñados por Ducasse en 1898.
Villa Soro no tiene restaurante pero pone a disposición de sus clientes una carta con platos típicos de la zona que los comensales pueden degustar en sus habitaciones a partir de las 19.00 horas. Desde el palacete se llega fácilmente a las principales atracciones turísticas de la ciudad: el casco antiguo, las playas, los museos, etc.
Una buena opción para los días soleados que el otoño nos regala de vez en cuando es la bicicleta: el hotel las pone a disposición de sus clientes de forma gratuita. Un paseo especialmente bonito es el que ofrece el puente de la Zurriola, también conocido como del Kursaal por la proximidad al palacio de Congresos: sus originales farolas intentan robar protagonismo a la belleza de la desembocadura del Urumea.
Jardín diseñado por Ducasse en 1898, dos salones y bar, garaje, prensa diaria gratuita, Room service, Conserjería, lavandería, servicio de bicicletas gratuito, ordenador a disposición de los clientes (conexión Wifi en todo el hotel). Todas las habitaciones disponen de conexión ADSL, mini-bar gratuito con bebidas no-alcohólicas, secador de pelo, productos de baño de la marca Penhaligton�s of London, televisión de pantalla plana con los principales canales internacionales, lector DVD en habitaciones superiores.
Su tranquilidad Son tan sólo 25 habitaciones, lo cual le confiere un ambiente familiar. Además está situado en el centro de la ciudad, lo que te permite ir andando o paseando en bicicleta a las principales atracciones turísticas.
Air Nostrum de Iberia (www.airnostrum.es) ofrece vuelos diarios desde Madrid hasta el aeropuerto de San Sebastián. El aeropuerto está situado a 22 kilómetros de la capital guipuzcoana, en el municipio de Fuenterrabía.
Un paseo por la Playa de la Concha. Por supuesto. No fuede faltar en una visita a Donosti.
Una visita al casco antiguo. Los donostiarras se refieren a él como la Parte Vieja. Recorra tranquilamente la calle Narrica, una zona peatonal llena de sabor, y párese en la Plaza de la Constitución: el edificio central, de estilo neoclásico, albergó en su día el Ayuntamiento y la biblioteca, de la que todavía conserva fondos. Si se fija verá que los balcones de la plaza están numerados, un recuerdo de la época en que la plaza servía de coso taurino.
Degustar los célebres pintxos. Si la visita cultural le abre el apetito, no tema: está en la mejor zona. Los pintxos son tan variados y exquisitos que le costará decidirse.
El Museo Chillida Leku y en el Museo Zuloaga en Zumaia. Cita ineludible para los amantes del arte.
© 2010 Unidad Editorial Internet, S.L. | Aviso legal | Política de privacidad