La red del suburbano de la capital se ha convertido en una de las más extensas, complejas y espectaculares de todo el planeta. Muchas de las nuevas líneas se han llenado de llamativas instalaciones plásticas que todavía pocos conocen. Y disfrutarlas cuesta sólo un euro.
Desde hace años han ido apareciendo, sin previo aviso, ni reacción mediática, una serie de importantes obras de arte en la red de metro, incluso antes de las últimas ampliaciones. De los años 90 destacan las que se pueden ver en la estación Nuevos Ministerios y en la del Aeropuerto Terminales 1-3. Las dos han sido realizadas por Rodrigo, un artista inclasificable que se encuentra igual de cómodo, cuando dibuja enormes retratos que cuando desarrolla instalaciones donde la luz es siempre un elemento catalizador y al mismo tiempo aglutinante.
En la primera se puede observar como el movimiento de unos trenes virtuales se mezclan y confunden con los verdaderos creando una extraña sensación de irrealidad, mientras que en la segunda, surge en una de sus paredes, una visión aérea insólita de Madrid, entre brumas y luces nocturnas que nos incita a salir en busca de todos sus secretos.
En los últimos tiempos han aparecido una veintena de nuevas obras pero para encontrarlas hay que viajar fuera de ese Madrid conocido por todos para adentrarse en sus nuevos barrios y ciudades satélites. En la nueva línea Metronorte hay tres que nadie debería perderse.
Por un lado, en Ronda de la Comunicación, una sugerente y estilizada instalación de Aitor Ortiz nos sirve como perfecta introducción al edificio que nos espera en el exterior: la Ciudad de las Telecomunicaciones de Telefónica, posiblemente una de las mejores obras de Rafael de la Hoz. Hay que dejarse seducir por la obra de Ortiz para luego salir al exterior y explorar el gigantesco complejo arquitectónico.
Salvo ciertos espacios restringidos, se puede deambular con total libertad por este recinto 'inteligente' de inusitada belleza. Tres estaciones más adelante, en Marqués de Valdivia, el espacio se tiñe de verde, de naturaleza, de imágenes de hierbas magnificadas, que nos abruman pero al mismo tiempo nos llevan a otro mundo.
Por último, en Reyes Católicos, de nuevo Rodrigo, nos recuerda con humor que estamos en San Sebastián de los Reyes, donde existe una gran tradición taurina. De pronto el viajero que llega se ve inmerso en mitad de una plaza de toros virtual, observado por cientos de espectadores con nombre y apellido, habiéndose inspirado en personajes reales.
Una obra que nos conduce directamente al otro extremo del perímetro urbano, a la estación de Villaverde Alto, donde un artista cuyo nombre no recuerdo, ha creado un inmenso mural que refleja la realidad del barrio, una vista general de la zona que al acercarnos se transforma en algo muy distinto, al haber sido realizado con los retratos de miles de vecinos que parecen mirarnos de forma burlona ante nuestra cara de asombro.
Sólo por descubrir esta obra ya valdría la pena hacer el esfuerzo de llegar tan lejos dentro de la geografía madrileña pero en el camino hay otra sorpresa, en la estación Hospital Doce de Octubre, donde un deslumbrante holograma representando varios cuerpos humanos asalta al recién llegado. Sólo suelen verlo los que viven en la zona y los que tienen que acercarse al hospital pero de nuevo no es una obra que deja indiferentes.
Como tampoco lo es la que se puede ver con mucha mayor facilidad en la estación de Chamartín. Vicente Patón ha realizado una enorme catarata digital en color azul que también juega con nuestra capacidad visual, logrando un rincón para la meditación o por lo menos el descanso, en medio del bullicio de uno de los nudos de transporte más complejos de la ciudad.
Mi favorita está en la línea 6 también conocida como Circular. Allí en la nueva estación Arganzuela-Planetario se ha recreado nuestro sistema solar aunque nos devuelve al final del viaje, a nuestra metrópolis. La obra es tan compleja que hay que verla desde abajo, desde arriba, subiendo y bajando por las escaleras mecánicas y después porque no, se puede salir y pasear por el Parque Tierno Galván que rodea el Planetario y desde donde se ve una vista de Madrid desconocida.
También habría que mencionar las obras que Juan Carlos y Javier Melero han realizado para estaciones como Pinar del Rey o Alameda de Osuna, esta última en colaboración con la hija de este último. Las hojas que recogió del parque cercano una tarde de otoño han servido de punto de partida para el trabajo final, que cubre gran parte de las paredes. Por otra parte, en la de Colonia Jardín un inmenso mural de base cerámica sirve como homenaje en un recorrido a la Casa de Campo que esta línea de tren ligero bordea.
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