Tokio nunca duerme porque su vitalidad no le permite un receso. La megalópolis japonesa, donde el caos es perfección y la tecnología siempre es superada por algo más moderno, es una ciudad a la última donde se generan tendencias y se experimentan nuevas fórmulas culturales.
En Lost in Traslation, Bill Murray y Scarlett Johansson paseaban por las calles de Tokio, perdidos entre las erráticas claves de una ciudad que a muchos occidentales les parece hermética. Vimos en pantalla el Tokio de Ginza, el barrio de oficinas o el del famoso cruce de las calles de Sinjuku, con centenares de personas cruzando bajo los neones. En Black Rain Michael Douglas luchaba contra la yakuza -mafia japonesa- con suerte desigual. Motos, vicio y corrupción en el fondo de una ciudad que nunca llegaremos a conocer... Así es Tokio. La ciudad imposible que no duerme porque su vitalidad no le permite un receso. Una megalópolis donde el caos es perfección y la tecnología siempre superada por algo más moderno, más rápido y con más funciones.
El Tokio de los extranjeros es en realidad un espejismo, una ciudad que parece occidental si miramos los rascacielos de Sinjuku o los logotipos de las multinacionales, pero que bajo la piel de la ciudad más tecnificada del planeta esconde una tradición milenaria que marca cada pequeño acto de la vida de los tokiotas, un mundo de claves a veces indescifrables para el gaigin (extranjero).
Después de más de una década en la que lo japonés se ha puesto de moda en Occidente. Hoy ya sabemos perfectamente lo que es el shushi, leemos a los escritores japoneses de moda como Haruki Murakami o nos hacemos coleccionistas de manga. Pero apenas hemos comenzado a comprender esta cultura de claves indescifrables. Hoy lo que está de moda es Tokio, una ciudad siempre a la última donde se generan tendencias y se experimentan nuevas formulas culturales.
Aun así, en el Tokio de las extravagantes tribus urbanas que se pasean por Ropongi o por el parque de Ueno, se mantiene la tradición. Podemos pasearnos por santuarios, templos y jardines zen, conocer magníficos museos y galerías de arte, sumergirnos en las artes tradicionales o disfrutar espectáculos como el kabuki. Podemos dormir en hoteles cápsula que conviven con los tradicionales albergues Ryokan. Aquí hay arquitectura, alta tecnología y moda de vanguardia en eterna crisis. Todo siempre en un continuo desamor.
Ante una eventual visita, siempre se debe empezar por los tópicos. La cara más tradicional la encontramos en el Palacio Imperial, el lugar de residencia del emperador y de la familia imperial. Aunque está cerrado al público, la visita a los jardines y los alrededores es obligada. El espíritu del viejo Tokio sobrevive también en el barrio de Asakusa, sobre todo en torno a su templo y al cercano Parque de Ueno, donde se concentran los principales museos de la ciudad.
El mercado de pescado de Tsukiji, abierto desde las 5 de la mañana, ofrece el mejor sushi y shasimi del mundo
En Ginza encontramos el corazón comercial de la ciudad, una frenética actividad similar a la de la zona de Sinjuku, una jungla de hormigón que puede contemplarse desde el mirador de las torres del Gobierno Metropolitano. Otra de las visitas clave es la del mercado de pescado de Tsukiji, abierto desde las 5 de la mañana, donde encontramos los mejores sushis y shasimi del mundo, preparados en unos pocos minutos. Los mejores los encontraremos en Edo-gin, caracterizado por su hilera de farolillos rojos en el exterior y por su animado murmullo en el interior (estación de metro Tsukiji, en la línea Hibiya).
Pero la auténtica movida tokiota no está aquí. El lugar que emerge con más fuerza a día de hoy en la capital japonesa es el barrio de Simokitazawa, con un entramado laberíntico de calles, de difícil orientación, en el que se han instalado muchos modernos recién llegados. Es un barrio en plena efervescencia, sobre todo durante los fines de semana, cuando llegan los jóvenes dispuestos a vivir la bohemia tokiota, opuestos completamente a los sofisticados locales de Shibuya o Takeshita Dori.
Es fácil ver grupos musicales presentando su último disco a las puertas de una tienda de música, estudios de radio que emiten desde la calle cara al público, hippies-hightech vendiendo pulseras, personajes que leen un manga por unas monedas y muchas tiendas... Demasiado consumo en un país que vive una eterna crisis.
Aquí se puede tomar una copa por ejemplo en Shesirs (3f. 2-9-2. Kitazawa, Setagtayaku), donde además sirven comida típica de la isla de Okibawa o probar un karaoke en lugares como Rismu (1-37-16 Matsubara). Así se entiende que la moda va por barrios. En Aoyama encontraremos las últimas boutiques de moda: Yohji Yamamoto, Comme des Garcons e Issey Miyake y, actualmente, también la nueva y flamante sede de Tod's, concebida por Toyo Ito.
Hay edificios enteros dedicados a los 'pachinko' y a los hoteles de citas, muy frecuentados por las jóvenes parejas
Y luego llega la noche... Las luces de neón inundan Shinjuku y Shibuya. Aquí, en este último distrito, se mueve lo más esnob del planeta: entre sus miles de tiendas y centros comerciales, como el famoso edificio 109, se ofrece lo último de lo último. En la zona también abundan los salones recreativos. Hay edificios enteros dedicados a los pachinko (salas de máquinas tragaperras), y los love hotels, hoteles de citas muy usados entre las jóvenes parejas. Lo probamos entrando en el hotel Casa Di Due (2-14-7 Dogenzaka, Shibuyaku. La tarifa: 90 minutos, unos 17 ¤).
La mayor efervescencia juvenil de Tokio está en Harayuku, junto al puente que da acceso al parque de Yoyogi. Actuaciones musicales callejeras, callejones repletos de tiendas, peluquerías o bares. Para gustos más selectos hay que ir al exclusivo Ginza, donde se hallan los grandes hoteles occidentales y las tiendas de las grandes firmas de moda junto con los mejores restaurantes y clubes de la ciudad. Allí están el Sony Building, la mejor tempura de la zona en Ten-Ichi (Tyuoku Ginza 5-3-1-B1) o paraísos para golosos a la nipona, como Ginza Fugetudou (Tyuoku Ginza 6-6-1).
El edén para los que buscan la última tecnología está en Akihabara. Este distrito también se ha convertido en la sede de un nuevo fenómeno: los cafés Otaku. Son locales destinados a los apasionados del manga y del anime. Este ambiente se puede saborear en lugares como Amusement Café (1-7-6 Akihabara).
Y si queremos una vista panorámica de la ciudad, proponemos tres miradores excepcionales: en Shinjuku, el Ayuntamiento ofrece dos plantas con una panorámica de 180º, una en cada torre, en el piso 45. Aquí se ha rodado Sólo se vive dos veces y el clásico de Ridley Scott, Blade Runner. El segundo mirador está en el edificio de Fuji TV en Odiaba, un inmueble que recuerda a un gigantesco televisor.
Desde sus alturas se puede observar una imagen muy romántica de la bahía de Tokio, salpicada de barcos, y el magnífico puente del Arco Iris. Por último, el tercer mirador es el del edificio Roppongi Hill, en el distrito del mismo nombre y la zona con más vida nocturna de la ciudad.
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