Si durante mucho tiempo un fin de semana en Dinamarca significaba irse a Copenhague, ahora una buena alternativa es Aarhus, la capital de Jutlandia y segunda metrópolis del país. Con vuelos directos desde Gerona o a la cercana Billund (a una hora en coche) desde Madrid, Alicante, Málaga y Palma, Aarhus es uno de los secretos mejor guardados de Escandinavia.
Los primeros españoles en descubrir Aarhus fueron los estudiantes Erasmus que en un principio se sintieron atraídos por sus ventajas universitarias y terminaron seducidos por la más que notable oferta de ocio y una envidiable calidad de vida. Más del 20 por ciento de la población de este puerto es universitaria y eso se nota en el número de bares, tiendas, salas de conciertos y en un ambiente casi mediterráneo en las calles, con terrazas abiertas todos los días del año, haga frío o calor, ya que para eso están los calentadores y las mantas.
A diferencia de otros países, el estudiante danés no solo no tiene que pagar sus estudios y muchos de los gastos que estos acarrean, sino que reciben, de forma automática, un sueldo base más que generoso que sin duda ayuda a mantener la prosperidad de esta capital de algo más de trescientos mil habitantes donde lo primero que llama la atención es su carácter acogedor.
Lo más importante se encuentra dentro de una zona semipeatonalizada donde se mezclan los edificios históricos (la ciudad tiene más de mil años de historia) con la mejor arquitectura contemporánea, todo ello enmarcando el cauce de un río que se ha vuelto a descubrir después de mantenerlo cubierto durante décadas.
Entre los edificios monumentales destaca la Catedral, en plena Plaza Mayor (Store Torv), que aunque de culto protestante (luterana) conserva todo su ajuar de época católica. En Dinamarca la Reforma se hizo de forma paulatina, evitando traumatismos y sobre todo destrucciones. Gracias a ello se puede admirar uno de los retablos renacentistas más espectaculares del norte de Europa (en realidad sólo se puede ver parcialmente porque tiene tres caras que se van desvelando según el calendario religioso) además de numerosas pinturas exentas y frescos que se remontan al siglo XIII.
No es la única iglesia importante. A unos pasos de la Catedral no hay que perderse la iglesia gótica de Nuestra Señora, que esconde en su interior otra dedicada a San Nicolás del siglo XI, considerada la iglesia en piedra más antigua de todo Escandinavia. Por otra parte, en Aarhus se puede ver la que para muchos es la obra maestra de Arne Jacobsen, el arquitecto danés más emblemático del siglo XX.
A mediados de los años treinta la ciudad le encargó que diseñara su nuevo ayuntamiento y él les entregó un edificio de mármol noruego de una elegancia y brillantez única. De los pasamanos a las lámparas, pasando por los ceniceros -que ya no se usan- o las sillas y tapices, todo lleva la marca de este arquitecto-diseñador que marcó un antes y un después en la forma de entender la vida en una ciudad.
Casi de forma simultánea, C.F.Moller ponía en pie el nuevo campus universitario de la ciudad, otra obra maestra que, como la de Jacobsen, forma parte según el Ministerio de Cultura Danesa de los Doce Pilares o paradigmas de la arquitectura danesa (donde también se incluye la Ópera de Sydney, al haber sido diseñada por el danés Jorn Utzon). Vale la pena pasearse por esa mini-ciudad de ladrillo amarillo donde lo robles y hayas son tan abundantes como los edificios y cuya última aportación a la cultura ha sido el gigantesco mural que ha hecho Per Kirkeby en su principal teatro.
El más internacional de los artistas daneses de nuestro tiempo también es protagonista en Aros, el nuevo Museo de Bellas Artes diseñado en 2004 por Schmidt Hammer Larsen, aunque tiene que compartir su popularidad con la gigantesca figura de cinco metros en estilo hiperrealista del australiano Ron Muecks.
Un ejemplo más de esa mezcla de estilos que representa esta ciudad donde tan pronto sorprende con una calle como Mollestien donde parece que nada hubiera cambiado desde el siglo XVIII, o con Sonder Allé que nos lleva a la primera mitad del siglo XX, para luego volver a lo mejor de su pasado en Gamle By, donde se han reconstruido decenas de casas urbanas de todo Dinamarca, incluido el último palacio de madera de Copenhague (siglo XVIII) que vuelve a renacer en todo su esplendor después de años de abandono.
Y siempre terminando el día en barrios como Frederiksberg o el que ahora se denomina Latin Quarter, donde edificios del siglo XV, y del XVIII y XIX, se han llenado de bares de diseño, tiendas curiosas y todo lo que esos miles de estudiantes con posibles pueden desear.
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