La Isla de los Pájaros

La Isla de los Pájaros, en Seychelles, no tendrá más de un kilómetro de largo. Pero, sin que nadie pueda explicar por qué, este islote de frondosa vegetación, soleado y apacible, ha sido elegido por distintas especies de aves como parada en sus largas singladuras o como destino de sus misteriosas migraciones.

Francisco López-Seivane

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Actualizado miércoles 08/10/2008 10:26 horas

La Isla de los Pájaros (Bird Island) no es, como la mayoría de las islas Seychelles, un pedazo de Africa escindido del continente en remotas épocas geológicas. No, se trata de un diminuto islote coralífero que creció en medio del océano Índico, en las proximidades del archipiélago. De punta a punta, y a ojo de buen cubero, no tendrá más de un kilómetro de largo por unos seiscientos metros de anchura. Su forma recuerda el mapa de Africa, bordeado de finísimas arenas blancas.

Hasta aquí, la definición geográfica puede ser muy semejante a la de otras islas tropicales. Pero, sin que nadie pueda explicar por qué, este islote de frondosa vegetación, soleado y apacible, ha sido elegido por distintas especies de aves como parada en sus largas singladuras o como destino de sus misteriosas migraciones. Aunque mas de veinte especies distintas viven habitualmente en la isla, lo que la ha hecho singular son los fumareles, una especie de golondrinas de mar, negros como el hollín, que vienen cada año a empollar a la isla en colonias que superan el millón de parejas.

Isla de los Pájaros, Seychelles

En pocos lugares del mundo puede verse a los pájaros tan desinhibidos, poniendo sus huevos en cualquier lugar, anidando en el suelo ajenos a la presencia del hombre y cuidando de sus polluelos sin esa angustiosa paranoia tan propia de las aves. Y es que no hay enemigos naturales que perturben su tranquilidad. La isla está deshabitada, excepto por los escasos cincuenta huéspedes que pueden alojarse como máximo en ella y el reducido número de empleados que cuidan de los bungalós.

Unos y otros están debidamente advertidos del respeto y distancia con que deben tratarse las aves y las tortugas verdes marinas, otra especie que ha elegido las playas de la isla para poner sus huevos. Particularmente famosa es Esmeralda, un espléndido ejemplar de tortuga gigante de tierra, la de mayor tamaño que se conoce en el mundo, con sus trescientos quilos de peso. Se dice que tiene ciento cincuenta años de edad y ha vivido siempre a sus anchas en el islote con algunos otros ejemplares de su especie, sin que nadie se explique como llegaron hasta allí.

Este tipo de tortugas, a pesar de su aspecto de reptil, tienen la sangre tan caliente como cualquier siciliano, son vegetarianas y apacibles y hacen muy buenas migas con los turistas. Y, al igual que un servidor, se pirrian por la papaya.

Santuario de la naturaleza

Digámoslo ya sin ambages, Bird Island es un santuario de la naturaleza, un lujo para iniciados, para amantes de las cosas en estado puro, para esos pocos privilegiados que saben disfrutar los colores, los olores y los sabores de la tierra, de las plantas y del mar, para los hijos del silencio, para los que se emocionan con los trinos de los pájaros, para los amigos de los animales y los enemigos de lo superfluo.

Isla de los Pájaros, Seychelles

Todo aquel que aún pueda mirarse en el espejo sin sentirse mal, que sea capaz de resistir su propia conciencia en soledad, que todavía sienta en lo profundo la llamada de la naturaleza, o viva transido de fervor ecológico, será muy feliz allí.

Aunque tal vez sin tanto énfasis en los valores ecológicos, hay otras islas solitarias y exclusivas en Seychelles. Tal es el caso de Denise, muy parecida en dimensiones y características a su vecina Isla de los Pájaros: playas paradisíacas, aguas límpidas, arenas blancas, frondosa vegetación, mar turquesa, clima de ensueño, soledad y silencio.

No hay coches, ni bares, ni discotecas, ni horteras con transistor en la playa. Apenas cincuenta privilegiados, normalmente muchos menos, pueden alojarse en los veinticinco confortables bungalows que componen la estructura hotelera de la isla. Durante el día, se rehuyen, se pierden por sus rincones, se bañan desnudos, bucean, leen, piensan y viven de espaldas al mundo. Un auténtico paraíso al alcance de muy pocos.

 
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