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Hamburgo, noctámbula y cosmopolita

Un pasado de poderío, vistas espectaculares sobre el río Elba, una agenda cultural que no cesa y uno de los barrios rojos más apabullantes de toda Europa. Así es la segunda ciudad alemana más grande del país, sólo superada por la capital, Berlín. Ésta es una guía de sus imprescindibles.

Isabel García

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Actualizado jueves 06/11/2008 13:46 horas

Fue un inmigrante alemán el culpable de que, en Estados Unidos, cada ciudadano se coma unas cuatro hamburguesas (tirando por lo bajo) por semana. Y de que incluso haya un Índice Big Mac que cifra el nivel de los países en función del precio de una de estas viandas. Y todo porque a aquel cocinero de Hamburgo se le ocurrió hacer un filete al estilo de su tierra, cortado en trizas y aromatizado con especias. En realidad, no era más que el plato de las clases pobres, pero tuvo un éxito tremende allende los mares.

Es una de las notas anecdóticas de la Ciudad Libre y Hanseática de Hamburgo, la segunda más grande de Alemania, sólo superada por Berlín. Pero hay más, como que un incendio en 1842 la destruyó casi en su totalidad, completando el proceso los bombardeos de la II Guerra Mundial, que allí nació el compositor Johannes Brahms, que su escena cultural y nocturna es de las más intensas del país... La lista sigue con sus ocho imprescindibles.

1. Los alrededores del 'Rathaus'

El Ayuntamiento o Rathaus supone la piedra angular de un paseo por el casco antiguo, que empezaría al final de la Mönckebergstraße. Sede del Gobierno, las obras de restauración del edificio, de estilo neorrenacentista, duraron 50 años tras el incendio de 1842. Tiene nada menos que 647 salas y una fachada salpicada por las estatuas de 20 kaisers, ejemplo del poderío que llegó a tener la ciudad hanseática en el XIX. Sus alrededores denotan esa elegancia innata de Hamburgo, con el lago Alster y sus jardines dominando cada vista. No en vano, las dos terceras partes de la urbe son zonas verdes.

2. Reeperbahn, la calle del pecado

Al barrio de St. Pauli era donde acudían los marineros en busca de malas mujeres y buenas borracheras. Es decir, el barrio rojo. Hoy en día, la marcha nocturna sigue concentrándose entre sus calles: la más famosa es Reeperbahn, colmada de luces de neón y negocios dudosos, donde uno puede tomarse una cerveza (con limón: alsterwasser) en las largas hileras de bancos tendidos en la calle, disfrutar de un musical, cerrar una discoteca o ver cómo las mujeres ofrecen sus servicios desde un escaparate. Eso sí, sólo si usted es varón. Al menos en la Herbertrstrasse, un callejón sin salida vetado para el público femenino con cartel incluido.

3. Los primeros pasos de los Beatles

Fue en Hamburgo donde los Beatles dieron sus primeros pasos cuando como The Beat Brothers. En concreto, en el maleante barrio de St. Pauli, con un público de reputación dudosa. Allí, en el verano de 1960, los cinco magníficos de Liverpool (Lennon, McCartney, Harrison, Stuart Sutcliffe y Pete Best) pasearon sus gargantas por los clubs de la zona, como el Star Club (Grosse Freiheit, 39). También lo hacía Ringo Starr, pero todavía por separado. La aventura germana acabó cuando la policía confirmó que Harrison era menor de edad, así que... de vuelta a Liverpool. Excepto Sutcliffe, que se quedó con su novia. Hoy St. Pauli tiene una plaza con el nombre del grupo.

4. El Museo de Arte Erótico

El de Arte Erótico de Hamburgo (www.eroticartmuseum.de) es uno de los 80 museos repartidos por la ciudad. Se encuentra en el barrio de St. Pauli (Bernhard-Nocht-Straße, 69), lo que le permite estar abierto hasta las 24.00. Sus piezas rescatan a lo largo de las cuatro imponentes plantas de un antiguo almacén las más variadas técnicas sexuales desde el siglo XVI. Entre la colección destacan grabados, cerca de 2.000 estatuas de evidentes reminiscencias y dibujos de artistas como Jean Cocteau, Picasso o Delacroix.

5. Subastas de pescado

Cada domingo, desde 1703, el muelle de Altona, a las afueras de Hamburgo, es el escenario del Fischmarkt (Mercado del Pescado). Para dar con unos deseables rodaballos o percas de tamaño gigante y precio de ganga lo mejor es madrugar mucho. O no acostarse, como hacen lugareños y perdidos el sábado. De la movida de Reeperbahn a las subastas de peces y los desayunos contundentes a base de exagerados sándwiches, salchichas patrias o bocadillos de calamares fritos. Aunque no todo es pescado en Altona. Uno allí se topa con intercambio de antigüedades, fruta fresca, ropa de segunda mano, espectáculos de jazz y country en directo... Eso sí, a las 10 todos a casa.

6. El té de los ingleses

Su puerto es el motor económico de Hamburgo, ya que de él dependen 160.000 empleos. Por algo es uno de los puertos con más tráfico de Europa (con 100 kilómetros cuadrados y más puentes que Venecia o Ámsterdam). Y llegó al ser el primero en tiempos de los aventureros que partían rumbo al Nuevo Mundo. Otra curiosidad: hasta a los propios ingleses les llega su preciado té desde el puerto de Hamburgo.

7. La cuna de Brahms

El célebre compositor Johannes Brahms nació en 1833 en Hamburgo, donde pronto contribuyó a la economía familiar tocando el piano en casi cualquier sitio. Léase clubs, restaurantes... y burdeles. Hoy, la ciudad le rinde homenaje con su museo (Peterstr. 39. www.brahms-hamburg.de), levantado en 1971 en una residencia barroca del siglo XVIII. No pudo hacerse en la casa natal del pianista porque fue destruida en la II Segunda Guerra Mundial, pero el edificio conserva el aura del Hamburgo señorial en el que transcurrió su vida. Sus adeptos podrán encontrar partituras, libros, documentos, instrumentos...

8. Blankenese, el barrio 'chic'

El río Elba baña Hamburgo justo a las afueras, donde se despiden los barcos y las laderas ocultan los elegantes chalés de las clases pudientes. Antes, Blankenese no era más que un pueblo pesquero, pero ahora se ha convertido un destino popular para ser transitado, por ejemplo, en biclicleta, ya que no deja de transmitir un relajado ambiente de pueblo con encanto. Sus pintorescas callejuelas desperdigadas entre escaleras, sus restaurantes de moda (y mucho marisco) y sus grandes avenidas aisladas del mundanal ruido completan la foto de la jet set hamburguesa.

 
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