Las tierras de la lluvia gorda

En el desierto del Gobi se pierden todas las cosas superficiales. Sólo queda lo que de verdad importa. Lo esencial se convierte en importante... Es una cuestión de estilo. Es un lugar al que se va a sentir. En las infinitas explanadas de arena y roca, bajo un cielo limpio y rodeado de una quietud desconocida. Un lugar de aventuras en el que el viajero se encuentra consigo mismo.

Pedro Madera

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Actualizado lunes 20/10/2008 17:06 horas

En un mapa geofísico, el desierto del Gobi aparece como una inmensa mancha al sur de Mongolia, no es un desierto como los de África ni los de Oriente. Tan duro o más que estos, Gobi es la nada dentro de uno, de una tierra que ha evolucionado muy poco a lo largo de los siglos. Por algo, Mongolia cuenta con la población nómada más grande, que aún queda en el mundo. Muchos de sus pobladores llevan en su interior el mismo gen que llevara a Gengis Kahn a emprender grandes viajes en busca de la conquista del mundo.

La ambición se ha quedado reducida a buscar mejores pastos para el ganado, pero el movimiento no ha cesado. Cada estación marca el inicio de una marcha con la casa, que aquí se llaman yurtas, a cuestas. Todavía, muchas familias recorren largas distancias sin volver la vista atrás. Todo lo que poseen está en los carros que arrastran los animales. Sus ovejas, caballos o cabras son su verdadero patrimonio. En medio del desierto se puede ver una yurta y uno se pregunta como pueden vivir tan aislados. Lo mismo que ellos pensarían, si nos vieran lo hacinados que vivimos en las ciudades.

Aventura extrema

La decisión de Land Rover para realizar su gran aventura 'G-4 Challenger' en estos territorios ha hecho que se pongan de moda. Aventura y acción en un lugar que parece olvidado. Un viaje al desierto del Gobi no es para todo el mundo. Aquí todo es intenso. Las gotas de lluvia en los días de tormenta son de un tamaño increíble.

Todo parece un gran laboratorio natural, donde la naturaleza marca sus propias reglas

El termómetro sube y baja con oscilaciones salvajes. Todo parece un gran laboratorio natural, donde la naturaleza marca sus propias reglas. Es un desierto extremo dónde las temperaturas alcanzan los 40ºC en verano y los mismos por debajo de cero en invierno. El otoño y la primavera disfrutan de temperaturas menos duras pero los fuertes vientos hacen muy difícil el tránsito.

No sólo es la velocidad del aire y su frialdad, sino que además su constancia trastoca la paciencia de cualquiera. En un momento se crea el caos, el viento arrastra la arena, las nubes y todo lo que se ponga por delante. Mientras, una inquietante audición de silencios, provoca una colección de sensaciones extrañas e irreales. Los viejos vehículos de fabricación china que atraviesan el desierto forman parte del decorado.

Un desierto de contrastes

Quién tiene el privilegio de adentrarse en sus vastas llanuras de rocas o cabalgar a lomos de un camello sobre las escasas dunas sentirá toda la fuerza del desierto y saldrá del mismo renovado. En Tugrigeen Shireh, una expedición polaco-mongola descubrió dos dinosaurios entrelazados en combate. Otro lugar famoso por sus descubrimientos es Flaming Cliffs, o Bayanzang, dónde aún se pueden ver los fósiles en las rocas. Ojo con la tentación de comprar un huevo de dinosaurio. Es ilegal sacar ningún resto del país y la policia no se anda con tonterías...

El paisaje hipnotiza y la sensación es de estar en el jardín de algún gigante que cada mañana mueve las dunas

Khongoryn Els, las dunas que cantan, es uno de los pocos lugares del Gobi dónde se pueden encontrar dunas. El paisaje hipnotiza y la sensación que se tiene es de estar en el jardín de algún gigante que cada mañana mueve las dunas de sitio. Ekhiingol, es un pequeño oasis al sur del desierto. Allí crecen frutas y verduras para el consumo local, una agradable cambio al cordero, y la leche y carne de camello y yak. Al norte, el oasis de Los Cien Árboles es más árido pero también proporciona agua para los hombres y sus animales.

A pesar de las restricciones, es un destino emergente, con formas muy distintas de transporte. Los más sensatos optan por un viaje organizado en jeep. Los más intrépidos, optan por alquilar una moto y encaminarse por las vagas referencias de un mapa local. Incluso algunos optan por recorrer grandes distancias a caballo con guías locales. La primera opción es más aconsejable pero quién se atreve con la segunda, definitivamente más auténtica, vivirá una experiencia inolvidable.

Coincidir con los planificadores del G4 de esta prueba es una suerte. Escenarios dramáticos para deportes de aventura. Practicar snowboard en las dunas, escalar por las escarpadas paredes de un cañón o atravesar un caudaloso río por un improvisado puente colgante... Todo es posible si el cuerpo aguanta.

El más peculiar

Gobi es tan misterioso que hasta sus animales son peculiares. Por un lado, el camello que tiene dos jorobas y un pelaje tipo melena hyppie que le da cierto aire de distinción. Por otro, su oso, único en su especie por habitar en un lugar tan árido como es un desierto. Las gacelas son los únicos animales que se mueven de prisa en el desierto y uno se pregunta a donde irán con tanta premura. De los milenarios dinosaurios que una vez poblaron Mongolia no quedan sino restos.

La hospitalidad de los mongoles es sabida y hay que tener cuidado con sus costumbres y no ofenderles

La hospitalidad de los mongoles es sabida y hay que tener cuidado con sus costumbres y no ofenderles. Por ejemplo, nunca se puede rechazar lo que te ofrecen, ya sea té o leche fermentada de 'yak'. Es imprescindible ofrecerse a ayudar con los trabajos, ya sea meter ovejas en el redil, hacer fuego o mover un cazo durante horas para hacer mantequilla. Otro consejo es llevar una botellita de vodka local para compartir con los nuevos amigos.

Quizás lo más fascinante del desierto sean sus habitantes, quienes, a pesar de su aislamiento, son tremendamente hospitalarios y las barreras del idioma no son problema cuando dos se quieren entender. Después de un duro día en el desierto se agradece la quietud de la noche. A la luz de una hoguera, saboreando una taza de te, el único sonido el 'Khomi'. Recitado por los mongoles es un mantra extraño que recuerda el sonido del galopar de los caballos y otros ruidos de los elementos de la naturaleza.

 
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