Yacuma Lodge. Río Napo. Napo. Ecuador. Email: info@
yacuma-lodge.com. Internet: www.yacuma-lodge.com.
15 cabañas divididas cada una en dos habitaciones dobles más una segunda área con dos bungalows para 10 personas cada uno.
Tour de cuatro días, desde 160 euros por persona, con comidas, excursiones y guía incluidos.
Resort en plena selva amazónica.
Desde la canoa se van adivinando los techos de las cabañas, realizados con paja toquilla, una especie de palma africana que crece por estos lares y con la que también se elaboran los célebres Panama Hats que, pese al nombre, se tejen aquí, en Ecuador, en las provincias de Cañar y Manabí. Pero esto es la selva y, en concreto, la reserva ecológica de Yacuma, un enclave de 300 hectáreas de bosque tropical a orillas del río Napo, uno de los afluentes del gran Amazonas.
Para dar con él es necesario llegar por carretera hasta la ciudad de Tena, en la provincia del mismo nombre, para después navegar 45 minutos desde el pueblo de San Pedro, donde cada jueves los lugareños de las distintas comunidades indígenas que habitan entre la selva bajan al mercado para vender yuca, bananos, papas... O, con un poco de suerte, alguna pepita de oro de las pocas que todavía esconde el río.
La canoa ya se acerca y lo primero que se advierte, entre la maleza, es el cartel amarillo que da la bienvenida al Yacuma Lodge. Basta subir una pequeña escalera de madera para comprobar que esto es lo más parecido a un oasis en medio de la nada, con sus 17 cabañas de troncos de madera (15 de ellas disponen de dos habitaciones dobles y las otras dos acogen hasta 20 personas, pensadas especialmente para familias) y un enorme restaurante de inspiración indígena (desde los manteles a los cuencos en los que se sirve la sopa de yuca del almuerzo).
Yacuma Lodge lleva en pie 13 años. Entonces, los responsables del touroperador Ecoandes Travel (www.ecoandestravel.com), que organiza recorridos por Ecuador, Perú y Bolivia, dieron a luz este proyecto ecoturístico que conjuga el desarrollo sostenible del entorno con el turismo responsable y el progreso de las gentes que aquí habitan.
De esta forma, son 15 familias de la comunidad quechua de Chantayacu las que se encargan del mantenimiento de las cabañas, así como de preparar la comida para los visitantes, guiarles en sus rutas por la selva, enseñarles el taller de artesanía de las mujeres, la escuela en la que se crían los niños... A cambio, los beneficios que reciben se reparten entre los miembros de la tribu, de forma que su sustento económico deja de ser únicamente la agricultura y la ganadería, como venía siendo desde tiempos de la Colonia, cuando los conquistadores españoles dieron con estos parajes mientras buscaban, empecinadamente, el ansiado dorado.
De éstas y otras peripecias dan cuenta por las noches (y ante un fuego purificador como manda la tradición quechua) los guías del resort, una vez cenados y bien abastecidos de canelazo, ese típico licor ecuatoriano siempre caliente y elaborado a base de canela, aguardiente y naranjilla, una fruta tropical de la zona. Y de ahí al silencio de las cabañas, sólo interrumpido por el quejido de los grillos, los caimanes, los mosquitos y otros tantos animales dueños de la jungla. Pero toca dormir, que mañana la aventura arranca de nuevo temprano.
Las tres comidas incluidas, excursiones guiadas por la selva con ropa apropiada, bar-restaurante con servicio gratuito de agua, té y café todo el día, biblioteca y sala de juegos de mesa, traslados desde la ciudad hasta las cabañas... Los niños menores de 12 años tienen un 50% de descuento.
Su ubicación, en plena Amazonia ecuatoriana, en una reserva ecológica que conjuga el desarrollo sostenible con el turismo.
Las cabañas, integradas en el entorno y realizadas con materiales orgánicos, son una copia de las típicas casas quechua, levantadas sobre uno o dos metros sobre el suelo. Funcionan con paneles solares, de forma que sólo hay luz eléctrica en cada una dos horas al día. También hay sistema de reciclaje para la basura.
Sus platos locales, deliciosamente preparados por los miembros de la comunidad quichua de Chantayacu. Es posible degustar plantas exóticas como la guayusa, la papaya, seis diferentes tipos de plátanos...
Varias líneas aéreas como Lan (www.lan.com), Iberia (www.iberia.com) o Air Comet (www.aircomet.com) vuelan a Ecuador desde España a partir de 700 euros. Una vez allí, la ciudad de Tena se encuentra a cuatro horas en coche desde Quito. También es posible llegar en avión tres veces por semana (lunes, miércoles y viernes) viajando con la compañía VIP, por 50 euros el trayecto, aunque depende de la climatología.
Una caminata por la selva. De la mano de un guía nativo de Yacuma Lodge, y siempre embutido en unas buenas botas de caucho, podrá conocer curiosas especies animales y vegetales como la caña brava, la palma de chonta, la ortiga de papaya, el pájaro cacique o las hormigas sacacalzones, llamadas así porque se expanden por todo el cuerpo en cuestión de segundos.
Hacer rafting y kayak.. Son dos de los deportes de aventura que se pueden practicar en el Amazonas, uno de los mejores ríos del mundo para ello.
Visitar una escuela quechua. A la escuela, construida por los responsables de Yacuma Lodge, asisten 10 niños todo el año, mientras que las mujeres se ocupan de la confección de collares, aretes (pendientes), camisetas con bordados en pedrería o bolsos.
Conocer el centro de rescate de animales Amazoonico. Se trata de una reserva natural en medio de los bosques de Napo fundada por la alemana Angelika Raimann y su esposo, nativo de la zona, hace una década. En más de 400 hectáreas se dan cita 500 especies animales, entre guatusas, guacamayos, tulcanes, monos, loros, tortugas acuáticas...
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