Hace muchos años, miles de troncos de pinos bajaban río abajo por el alto curso del río Tajo pastoreados por los gancheros. Aquellos días de penuria y frío quedaron atrás y hoy esta región se han transformado en una zona perfecta para el turismo. De su aventura secular, sólo se mantiene alguna cruz junto al río y sobre todo, la leyenda hecha paisaje en lugares como Peralejos, Zaorejas o Taravilla.
La literatura siempre nos ayuda a soñar. Hace muchos años, cada primavera, miles de troncos de pinos bajaban río abajo por el alto curso del río Tajo 'pastoreados' por los gancheros. Estos personajes, cuyo oficio se ha extinguido, sirvieron de inspiración para una de las obras maestras de José Luis Sampedro, El río que nos lleva, llevada al cine por Antonio del Real. Gracias a ellos recordamos a aquellos personajes que durante siglos, hasta los años 50, transportaron cada primavera sus 'rebaños de troncos' por el río, desde las aguas bravas del alto Tajo hasta las remansadas de Aranjuez.
Los días de penuria y frío se han transformado en una zona perfecta para el turismo. De su aventura secular, sólo se mantiene alguna cruz junto al río y sobre todo, queda la leyenda hecha paisaje en lugares como Peralejos, Zaorejas o Taravilla. Nombres que ahora sueñan a fin semana de ocio, mucha caminata y cervecitas en la plaza del pueblo con el punto de cansancio justo.
Con el consejo de un amigo, recorreremos algunos de los más bellos parajes de el río Tajo. Una colección de lugares inesperados a priori. Sitios que acompañan en su curso más alto al río más largo de la Península Ibérica. Desfiladeros, cañones, arroyos, remolinos... el nacimiento del Tajo es todo un despliegue de accidentes fluviales, de estampas bellísimas.
Cuando nace en Teruel, en los Montes Universales, el Tajo apenas es un hilito de agua, que recorre sus primeros kilómetros dibujando la frontera entre las provincias de Teruel, Cuenca y Guadalajara. Enormes murallones acompañan al río a su paso por la Reserva Nacional de los Montes Universales, entre el olor de tomillo y espliego, junto a los robles y las encinas. Al seguir su curso, muy pronto vemos cómo el Tajo recibe las aguas de la Hoz Seca y llega a Peralejos de las Truchas. Este lugar es desde hace algunos años la gran capital del Alto Tajo, donde se concentran los amantes del piragüismo, cañoning y todo tipo de aventuras en la naturaleza.
Antes del boom del turismo de aventura, Peralejos era un lugar casi olvidado, a pesar de que era aquí donde comenzaba el tradicional camino de los gancheros, que partían con los troncos de los pinos, conducidos por unos largos palos terminados en un gancho, hasta las remansadas del Henares en las cercanías de Alcalá.
Hoy Peralejos, rodeado de montañas, es una especie de capital de la aventura y mantiene su aspecto serrano bien conservado, presidido por la iglesia de San Mateo, del siglo XVII, y la calle Mayor, con viviendas populares y enormes caserones de ilustre linaje.
La primavera y el otoño son las épocas más idóneas para disfrutar del paisaje y la naturaleza en todo su esplendor
Pocos lugares de España tienen una belleza tan salvaje y abrupta como este rincón de la profunda Guadalajara, allí donde hace frontera con Soria y Cuenca. La primavera y el otoño son las épocas más idóneas para disfrutar del paisaje y la naturaleza en todo su esplendor.
El primer tramo del río, que discurre entre cañones cortados como una herida sobre el altiplano, es un paraje sólo apto para caminantes con experiencia o para los nuevos aventureros de la bicicleta de montaña, los únicos que podrán recorrer los cañones probablemente más espectaculares y originales de nuestra geografía. Tendrán que atravesar bosques, vadear ríos, ascender montañas, penetrar en simas y acampar entre pinos y sabinas, tan propias de estas tierras.
Las agitadas aguas del Tajo prosiguen hacia tierras alcarreñas, pasando por desfiladeros, cañones y formando remolinos. En algunos parajes se torna incluso peligroso, como en el Estrecho de Horcajo, formado por tres pozas grandes y unidas entre sí por rápidos de vértigo. Luego el río se remansa en la Laguna de Taravilla y cobra aspecto de espectáculo en el Collado de la Machorra y el Acantilado de la Escaleruega, donde los buitres sobrevuelan los farallones.
Y aún nos queda por ver uno de los rincones más espectaculares y desconocidos de España: el Hundido de Armallones, donde el río corre rápido entre bosques y calizas verticales y aparecen escondidos algunos parajes que en verano invitan al baño, como el puente de San Pedro. Es en estas zonas donde muchos aprovechan además para soltar un poco de adrenalina practicando la escalada, el rafting, el piragüismo, el senderismo o los paseos a caballo.
El otro pueblo de visita obligada en el Alto Tajo es Molina de Aragón, en las tierras que riega el río Gallo, afluente del Tajo. Molina está a escasos 32 kilómetros de Peralejos. Por aquí pasó El Cid camino de su destierro y se respira Historia: el pasado belicoso y guerrero se conserva en su Alcázar, una construcción cristiana de extraordinarias dimensiones, con un intenso color rojizo, con cuatro torres y que es coronado por la pentagonal de Aragón.
En Molina también hay iglesias, conventos románicos y casonas impresionantes como el Palacio del virrey de Manila o Casa de las Pinturas, ya que tiene su fachada decorada con paneles pintados que representan a Manila. No muy lejos, a ocho kilómetros, está Ventosa, donde aparecen majestuosamente los cañones del Barranco de la Hoz, donde hay una ermita justo en el lugar más espectacular del barranco. Es el punto de partida para numerosos paseos a pie por los alrededores.
El complemento perfecto a una visita a la zona es la gastronomía: estamos en tierra de migas, caza y cabrito al ajillo
Tanto ajetreo siempre abre el apetito. El complemento perfecto a una visita a la zona es la gastronomía: estamos en tierra de migas, caza y cabrito al ajillo, pero también de especialidades autóctonas muy sabrosas como el famoso morterurelo de Molina de Aragón que se sirve en cazuela, las gachas de almortas de Peñalén o los suculentos guisos de ciervo, jabalí y perdiz de todos los pueblos.
Y es también tierra de truchas, que se preparan a la serrana, en salsa o rellenas pero que resultan siempre sabrosas. Para los gastrónomos más exigentes, hay que saber que estamos en tierras de trufa, que crecen en las zonas de robledales de Taravilla y Peralejos, y que alcanza precios astronómicos en el mercado nacional.
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