La villa flotante de Siem Reap

La historia que nuestro lector nos narra a continuación ocurrió durante un viaje por el Sudeste asiático en su estancia en Siem Reap, Camboya. Un traslado accidentado en 'tuk-tuk' y una tormenta épica descubren a Daniel Martínez el sentido de viajar.


Camboya

Texto y Fotos: Daniel Martínez Maqueda

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Actualizado jueves 18/09/2008 19:13 horas

La historia que voy a narrar a continuación ocurrió durante un viaje por el Sudeste asiático, concretamente en mi estancia en Siem Reap, Camboya. Me levanté aquel día alrededor de las 10, y salí a dar una vuelta y a desayunar por el centro de la ciudad. Mientras evitaba los repetidos «Tuk-tuk, sir?» me encontré con Mao, un conductor que me había llevado el día anterior a los templos de Angkor Wat. Le pregunté si me llevaba a ver el floating village y acordamos precio. De camino, me iba dando crema solar para no quemarme.

Así que me presento en el muelle para coger el barco que me lleve a la aldea flotante. Me subo en el barco y, cuando llevo cinco minutos de travesía, veo a lo lejos nubarrones negros como el carbón, y me dice el guía: «Maybe it's going to rain». Y vaya si llovió. En cuestión de cinco minutos estaba tan empapado que me tuve que quitar la camiseta y las zapatillas y proteger la cámara y el bolso con los cojines de los asientos del bote. Llovía en todas las direcciones.

Bar flotante

Paramos un rato en un bar flotante y, después de sacarme un dólar por colocarme en las manos un cocodrilo y de estar pidiéndome «one doooollaaaaaaaar» durante cada segundo que pasé en el bar, decidimos volver porque parecía que había escampado un poco. Nada más lejos de la realidad.

Conseguí llegar hasta un 'tuk-tuk' cerca del muelle y, para mi alivio, éste se encontraba cubierto con lonas protectoras. A pesar de este pequeño respiro, me di cuenta de que la carretera por la que habíamos venido era, literamente, de barro. Cuando conseguí abrirme paso entre el barro -sin camiseta y con las zapatillas en la mano- me preguntaron los camboyanos: «Cold, sir???» entre la risa generalizada.

Antes del diluvio.

Antes del diluvio.

Ya en el 'tuk-tuk' veo a lo lejos un grupo de turistas que se ha quedado atascados, a los que una turba de niños, y no tan niños, están intentando sacar del fango. Al llegar, empieza una lucha por mantenerme en pie entre el barro y los charcos, y a la vez empujar el 'tuk-tuk'. Demasiadas cosas al mismo tiempo, y no puedo hacer más que quedarme resbalando, intentando mantener la verticalidad mientras una marabunta se lleva mi vehículo, mi bolso, mi pasaporte y todo lo preciado que tengo en aquel país.

Entonces un americano -creo- me grita por encima del ruido y la lluvia: «Where else in the world would you like to be right now?». Estuve a punto de maldecirlo en correcto castellano, pero me di cuenta de que la respuesta era exactamente esa: En ningún otro sitio...

La operación se repitió dos o tres veces más y, ahora que lo pienso, a parte de divertirme como nunca y de haber estado al borde de un catarro-pulmonía, pocas veces en mi vida me he sentido tan vivo.

 
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