Los secretos de la costa alemana

Uno de los mayores secretos de Europa es la costa de Alemania. Olvidada durante generaciones, ha vuelto a recobrar todo su esplendor y se ha convertido en uno de los destinos más atractivos del continente. Largas playas de arena blanca, parques nacionales y ciudades Patrimonio de la Humanidad.


Javier Mazorra

Disminuye letraAumenta letra
Actualizado viernes 12/09/2008 10:25 horas

Uno de los secretos mejor guardados de Europa es la costa de Alemania. Olvidada durante generaciones, ahora 18 años después de la reunificación del país, ha vuelto a recobrar todo su esplendor, convirtiéndose en uno de los destinos más atractivos del continente para cualquier momento del año. Largas playas de arena blanca, pero también parques nacionales y varias ciudades Patrimonio de la Humanidad.

Hay tanto que destacar que, por el momento, nos quedamos en el Báltico, cuyo punto de referencia a nivel de acceso es Berlín, que se encuentra a unas dos o tres horas, en coche o en tren, dejando la costa del Mar del Norte, con lugares tan carismáticos como la isla de Sylt.

1. El refugio de un emperador (Usedom)
[foto de la noticia]

Nada en apariencia parece haber cambiado desde que el Kaiser Guillermo II convirtió esta isla a finales del siglo XIX, en el centro de veraneo de la familia imperial, incitando a que se construyeran, a lo largo de sus más de 40 kilómetros de playas y bosques de abedules, suntuosas villas en todos los estilos imaginables, compitiendo en lujo y originalidad, frente a un mar Báltico de lujo. Muchas de ellas se han convertido en deliciosos hoteles con encanto, abiertos durante todo el año, al contar con sofisticados spas.

Sin embargo, sólo hay que cruzar la frontera con Polonia (a pie o en coche de caballos, ya que el tráfico motorizado no está permitido) que, desde 1945, tiene la soberanía de una cuarta parte de Usedom, para ver cómo estaba toda la isla hasta hace muy poco tiempo. Quedan muchos de los palacetes y mansiones anteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero todavía no han sido restaurados y el ambiente mantiene intacto ese aire decadente y melancólico de la Europa Comunista antes de que llegar a Gorbachov. Información: www.usedom.de.

2. En un cuadro de Gaspar D. Friedrich (Greifswald)
[foto de la noticia]

La menos conocida de las poblaciones alemanas del Báltico, que formaron parte de la Liga Hanseática, tiene un encanto muy especial y es una de las que menos sufrió durante la guerra, conservando prácticamente intacto su casco viejo. Aquí nació Gaspar David Friedrich, el más grande de los pintores alemanes románticos, quien nos ha dejado numerosos cuadros inspirados en su ciudad natal (algunos se encuentran en el Museo Municipal). El edificio más emblemático es la Catedral o Dom, que cuenta con importantes pinturas del siglo XV y a cuya torre se puede subir por una vertiginosa escalera de madera para contemplar una vista panorámica excepcional de esta parte de la costa. Compite en belleza con la iglesia dedicada a la Virgen María en Brüggstrasse, cerca de la colorista plaza del Mercado, en cuyo interior se descubren frescos aun más espectaculares.

Para ver el mar hay que coger, desde la estación de tren, el autobús número 40 que lleva directamente hasta Wieck, uno de los puertos pesqueros más activos de esta costa, conocido además por un curioso puente levadizo de madera y por las ruinas del monasterio de Eldena, uno de los lugares más románticos y conocidos de Alemania, popularizado a través de los cuadros de Friedrich. Información: www.greifswald.de.

3. La Cuna del Turismo Alemán (Rügen)
[foto de la noticia]

Gaspar D. Friedrich también puso de moda a esta isla de cerca de 1.000 kilómetros cuadrados, llamando la atención en 1818 sobre sus acantilados inmaculadamente blancos que hoy forman parte del Parque Nacional de Jasmund, también conocido por tener el bosque de hayas más extenso de la costa del Báltico. Aquí dicen que nació el turismo en Alemania, tal como lo entendemos hoy en día. Todavía se puede ver en Putbus, una 'ciudad ideal', diseñada en estilo neoclásico por aquellas fechas, uno de los primeros balnearios de esta costa. Durante el resto del siglo XIX y principios del XX Rügen se convertiría en el lugar más popular del país donde pasar el verano.

Sus playas de arena blanca eran perfectas para esos primeros baños de mar, no tardando en crearse pueblos de verano como Ostseebad Sellin, Ostseebad Göhren o Ostseebad Baabe, que ahora han vuelto a recuperar todo su brillo y empaque. En cambio PRORA, un edificio de tres kilómetros de longitud, que podría haber albergado a miles de veraneantes como parte del sueño hitleriano 'Kraft durch Fruede' (Fuerza a través de la felicidad), se ha transformado en un fantasmagórico monumento a una época que todos desearían olvidar. Información: www.ruegen.de.

4. Entre Suecia y Alemania (Stralsund)
[foto de la noticia]

El centro histórico de la segunda ciudad hanseática de esta costa (declarada Patrimonio de la Humanidad en 2002) se encuentra dentro de una insólita isla, al estar rodeada por dos lagos y el mar. Su riqueza monumental es apabullante, destacando numerosos edificios de ladrillo de estilo gótico tan espectaculares como San Nicolás. En su interior, además de numerosos altares, a cuál más hermoso, llama la atención el reloj astronómico más antiguo de Europa, fechado en 1394.

Calles como Färhstrasse, Schillstrasse y Mühlenstrasse muestran docenas de casas, palacios e iglesias, que nos llevan a una época dorada cuando esta ciudad era uno de los grandes centros comerciales del Báltico. Una peculiaridad de Stralsund es su gran afinidad con la cultura sueca, ya que durante 200 años su punto de referencia política fue Estocolmo. Alrededor de la Alter Markt, una de las plazas más carismáticas de Alemania, se pueden ver varios edificios barrocos de influencia escandinava. Información: www.stralsundtourismus.de.

5. Seducción semiurbana (Rostock)
[foto de la noticia]

Aunque cuenta con varias iglesias de ladrillo de estilo gótico muy parecidas a las de Lübeck, Wismar o Starlsund y media docena de edificios civiles notables que atestiguan su vinculación con la Liga Hanseática, su principal interés no se centra tanto en su patrimonio cultural como en su innata capacidad de seducción. Durante la época comunista fue el punto de referencia de esta costa y, aunque ha perdido esa hegemonía, conserva todavía un cierto aire de capital con muchas más tiendas, cafés y hoteles de diseño que sus vecinas, además de una playa semiurbana deslumbrante.

Se encuentra en el barrio marítimo de Warnemünde que, en otros tiempos, fue un puerto pesquero independiente en la desembocadura del río que atraviesa Rostock. Ahora es un lugar de veraneo muy popular donde curiosos edificios de los años 50 conviven con pintorescas casas de pescadores y alguna torre de los setenta. Todo ello, frente a un inmenso arenal que se pierde en el horizonte. Información: www.rostock.de.

6. El Capricho de un Duque (Heligendamm)
[foto de la noticia]

Antes de que Usedom o Rügen pusieran de moda pasar el verano en la playa, ya existía Heligendamm pero sólo para cabezas coronadas y la más alta aristocracia. Aquí el Gran Duque de Mecklenburg-Schwerin Friedrich Franz I creó un complejo residencial, único en su género. Se hizo construir un palacio pero también un balneario además de numerosos palacetes para sus egregios invitados, todo ello en primera línea de mar y rodeado de un espeso bosque. Después de sobrevivir varias guerras y ser convertido en sanatorio durante el periodo comunista, se acaba de convertir de nuevo en uno de los lugares más exclusivos de la costa alemana.

Todavía quedan por restaurar algunos palacetes, pero gran parte del excepcional conjunto de edificios neoclásicos forman parte de un hotel de gran lujo, único en el país donde ya se ha celebrado uno de los encuentros del G8. Muy cerca en Bad Doberan, otra fundación de los duques, se puede visitar el que fue uno de los mayores monasterios cistercienses de Europa, en mitad de un parque rodeado de caprichosos edificios relacionados con el balneario. Información: www.kempinski-heiligendamm.com.

7. El Ave Fénix (Wismar)
[foto de la noticia]

Podría ser la hermana gemela de Stralsund, al haber compartido su vinculación con la Liga Hanseática para luego pasar a manos de la corona sueca hasta prácticamente el siglo XX. Sus centros históricos ofrecen tantas similitudes que, quizás por ello, fueron declarados al mismo tiempo Patrimonio de la Humanidad. Y, sin embargo, desde el siglo XIX han tenido historias tan distintas que sólo hay que pasearse por sus calles para descubrir una ciudad con personalidad propia, capaz de superar todo tipo de adversidades.

Durante la II Guerra Mundial fue prácticamente destruida para luego ser abandonada a su suerte por las autoridades de la antigua República Democrática. Desde la reunificación, como el Ave Fénix, no sólo ha logrado resucitar de sus cenizas, sino que se ha transformado en una de la ciudades más atractivas del Báltico. Aún quedan por restaurar varias iglesias y algún edificio importante, pero ahí está la espléndida iglesia de San Nicolas, o su inmensa plaza del Mercado llena de vida, sin olvidarse del antiguo puerto Alter Hafen, donde podría pensarse que nada importante ha ocurrido desde hace cientos de años. Información: www.wismar.de.

8. La Capital de la Liga Hanseática (Lübeck)
[foto de la noticia]

A diferencia de gran parte de la actual costa de Alemania, Lübeck estaba en la República Federal y eso se nota, tanto en el ambiente cosmopolita de sus calles, como en la mezcla de estilos arquitectónicos y en su permanente prosperidad. Por otra parte, fue la indiscutible capital de la Liga Hanseática durante siglos y eso queda patente en la calidad y el número de monumentos de estilo gótico en ladrillo, que aparecen por todas partes en su casco antiguo, enteramente rodeado por el agua.

Muchos de ellos, tanto los religiosos como civiles, sirvieron como modelo e inspiración a todos los que se construyeron no sólo en el resto de Alemania pero también por otros puntos de la costa Báltica, lo que le valió, ya hace muchos años, para ser declarada Patrimonio de la Humanidad. También tiene una larga tradición literaria, destacando la casa museo de la familia Mann y el Museo Günter Grass. Y, por si todo eso fuera poco, cuenta con Travemünde, una enorme y elegante playa que podría hermanarse con Deauville o San Sebastián. Información: www.luebeck-tourismus.de.

 
Además
Logo de elmundo.es

2012 © Unidad Editorial Internet, S.L. | Aviso legal | Política de privacidad