Las eternas sonrisas luminosas, las amables reverencias, las voces de terciopelo, las tardes perfumadas de jazmín, la cadencia del gesto, la calidez, el refinamiento, la sensualidad, el misticismo... El 'lujo asiático' sigue siendo en Tailandia un secreto para iniciados.
Bangkok,la ciudad que nunca duerme, sólo es la puerta de entrada al paraíso o, quizás mejor, el purgatorio dónde se quedan todos los que no reúnen la sensibilidad suficiente para gozar de las delicias de un pueblo en el que el mito de su exquisita hospitalidad sigue vivo y gozando de buena salud. Las eternas sonrisas luminosas, las amables reverencias, las voces de terciopelo, las tardes perfumadas de jazmín, la cadencia del gesto, la calidez, el refinamiento, la sensualidad, el misticismo y todo eso que ha dado en llamarse 'lujo asiático', sigue siendo en Tailandia un secreto para iniciados.
Bangkok es un hervidero humano, un marasmo de tráfico y contaminación dónde, como por arte de magia, pueden encontrarse algunos de los edificios y monumentos más sorprendentes de Asia. El loto no sólo es una flor hermosa, sino una metáfora que sirve para casi cualquier propósito en la filosofía budista. Se dice que su extraordinaria belleza proviene del barro, dónde hunde sus raíces.
En Bangkok las muestras de refinamiento y riqueza contrastan con la fealdad de sus calles más concurridas
Así, en la caótica megalópolis aparecen muestras de refinamiento, riqueza y sensibilidad que contrastan notablemente con la fealdad predominante en sus calles más concurridas. Tal es el caso del Gran Palacio, un gigantesco complejo amurallado en el centro de la ciudad que encierra toda la historia de los últimos 200 años, concentrada en un sin fin de templos, palacios y monasterios que abarcan todos los estilos de la sorprendente arquitectura tradicional, civil y religiosa del país. Son las paradojas de una ciudad en la que lo humano y lo divino, el pecado y la virtud, la abyección y el refinamiento conviven con absoluta naturalidad.
Una flor de loto constituye frecuentemente la base sobre la que se asientan las innumerables estatuas de Buda que proliferan por doquier, aunque ninguna como la que se exhibe en el Wat Traimit, cinco toneladas y media de oro macizo medio escondidas en un insignificante templo del barrio chino. O el Buda Esmeralda, una de las imágenes más veneradas de Tailandia, que se exhibe en un trono de oro en el Busabok, el salón de ordenaciones del Monasterio Real, un templo fantástico que forma parte del complejo del Gran Palacio.
A esta sagrada imagen, que concita devotos de todo el mundo budista, se le cambia tres veces al año el vestuario, en verano, en la época de las lluvia y en el invierno, en sendas ceremonias de gran solemnidad presididas por el rey.
Pero, sobre todo, las referencias a la flor del loto están presentes en la arquitectura tradicional tai. En ella los sucesivos tejados triangulares, superpuestos en láminas convexas, están invariablemente rematados por agujas aladas o flamígeras, que se alzan al cielo como dagas. Representan el fuego de las pasiones humanas, transformado mediante la meditación búdica en la serena belleza de esta flor única.
Al anochecer, cuando los comerciantes echan el cerrojo a sus negocios, se encienden las luces de los mercados nocturnos. La vida se traslada entonces a lugares como Patpong, esa calle abarrotada de puestos ambulantes dónde se pueden comprar imitaciones de todas las marcas del mundo a precios de escándalo: camisetas de Versace, relojes Rolex de oro o la última música del momento, copiados por los chinos.
Por la noche, los vendedores y las busconas compiten por atraer la atención de los turistas a sus negocios
Sin embargo, en medio de la riada humana, los vendedores y las busconas compiten por atraer la atención de los turistas hacia sus respectivos negocios. A ambos lados de la calle se suceden los locales de alterne más explícitos y pornográficos que uno pueda imaginar. La prostitución está prohibida en Tailandia, pero poco importa. Las chicas se denominan ahora 'bailarinas', 'conversadoras' o 'recepcionistas' y siguen con su show habitual hasta el amanecer, cuando comienzan a hervir los mercados flotantes o de flores, en un trajín que no cesa.
Patpong no es ya, sin embargo, el emblema de la noche. Bangkok se ha trasformado en los últimos años de manera extraordinaria y han aparecido nuevos lugares que atraen a los turistas más interesados en las compras, el ambiente relajado y los espectáculos tradicionales que en el pornoshow.
El mejor de todos es, sin duda, el Bazar Nocturno de Suan Lum. Una enorme extensión de varias manzanas totalmente vallada en la que las tiendecitas se suceden sin solución de continuidad por un laberinto de cuadrículas, callejones y pasadizos que recuerdan a un bazar oriental. Es limpio, organizado y cómodo. Allí se consiguen productos de más calidad que en Patpong sin que los vendedores le atosiguen a uno. Además, hay numerosas terrazas en las que se puede cenar al aire libre la extraordinaria comida tai por poco dinero y espectáculos notables, como el que se ofrece en el Teatro de Marionetas Tradicionales.
Es éste un espectáculo notabilísimo que merece mención aparte. Iniciado en 1901 por el famoso bailarín kon Krae Saptawanit, desapareció de la escena tras la Segunda Guerra Mundial, como muchas otras artes tradicionales tailandesas. Sin embargo, el hijo de una pareja de bailarines de la toupe de Saptawanit, un dotado y precoz artista llamado Sakom, se las arregló para conservarlo vivo durante los años oscuros. En 1996, el rey le reconoció como custodio de esta forma arcana de arte, nombrándole Artista Nacional. Desde entonces, el espectáculo de las marionetas tradicionales tailandesas se representa todas las noches en un teatro del Bazar Nocturno de Suan Lum.
En fin, esto es Bangkok, un paraíso para las compras, una explosión de vida y de color que estimula los sentidos. Muchos turistas se sienten felices de descubrir las increíbles tiendas y fantásticas oportunidades que abundan en esta ciudad irrepetible, abandonándose al frenesí de las compras y al vértigo de los colores, olores y sensaciones que componen la vida cotidiana.
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