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El corazón rojo de Australia

Si alguien va a Australia y no se asoma al desierto, no conocerá el verdadero espíritu del país. Porque el corazón australiano es rojo y ardiente y no tiene mucho que ver con la luminosa y moderna Sydney, con las playas llenas de surfistas de Queensland, con las junglas del norte del país o con las bellas postales de la Barrera de Coral.

Texto y fotos: Pedro Madera

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Actualizado viernes 29/08/2008 12:56 horas

Se puede volar desde cualquiera de sus ciudades de la costa hasta Alice Spring, en el centro geográfico de la isla, pero si hay tiempo, nada mejor que adentrarse en coche para conocer el outback. Es la única forma de ver la otra cara de Australia, la que mantiene el espíritu pionero, la de la aventura del desierto casi virgen.

En realidad el outback no es una región concreta. Los australianos llaman así a todo lo que no está en torno a sus costas, a las tierras que quedan al interior, más allá de las civilizadas Sydney, Melbourne, Adelaida, Perth, de la turística barrera de coral y la tropical costa de Brisbane o al norte de las montañas Azules. El outback es realmente un concepto... Es el corazón, espiritual y físico, de esta gigantesca isla. Un generador de energía, para una inmensa región casi desértica que mantiene el alma pionera de este país en el que todavía se puede sentir el placer de ser un explorador.

Hasta 1862, los australianos estaban convencidos de que en el corazón de su isla-continente había un mar interior.

"You'll never know, if you never never go", dicen los australianos. ¿Aventura o simple ruta turística? Ni una cosa ni la otra. En Australia las enormes distancias, el clima extremo y la escasez de habitantes hacen que todo sea un poco aventura, pero como buenos anglosajones, todo está también controlado. Con las mínimas precauciones no es difícil recorrer las rutas que llevan por el desierto, primero hacia Alice Spring y después hacia el norte, por Tennent Creek hasta alcanzar los paisajes tropicales en torno a Darwin, en la costa del mar de Timor.

Hasta 1862, los australianos estaban convencidos de que en el corazón de su isla-continente había un mar interior. El hombre que logró desmentirlo, John McDonall Stuart, recibió por ello una recompensa de 200 libras esterlinas y el testimonio de su hazaña ha quedado grabado en un árbol que hoy es considerado monumento nacional. Diez años después se construyó la línea telegráfica que atraviesa el centro del país siguiendo su ruta y se construyeron unas barracas junto a la estación del interior y puestos a buscar un nombre que darle a tan precario asentamiento, no recurrieron ni a reyes ni a reinas, como era lo habitual, sino que se fijaron en el nombre de la esposa del superintendente de la línea. Así nació Alice Springs.

El reto de la naturaleza

En el siglo XXI, el outback mantiene en buena medida un halo de aventura peligrosa, de reto de la naturaleza, a pesar de poder recorrerse los miles de kilómetros de una punta a otra (más de 3.000) por modernas carreteras asfaltadas. Los australianos llaman the track, la ruta, a la Stuart Highway, una carretera terminada en 1987 que va desde la ciudad de Adelaida, en el sur, hasta el extremo norte de Darwin. Sólo hay un tramo sin asfaltar que es el que une Woomera y Kulgera. Además, todavía existe la Odnadatta track, la antigua pista por la que los primeros colonos accedían al interior del territorio. Son 800 kilómetros de polvo pero merece la pena si se quiere sentir el espíritu del desierto.

Las escasas ciudades del interior están comunicadas hoy día por servicios de avionetas muy prácticos.

Si se parte de Sydney la primera parte de la ruta transcurre por Nueva Gales del Sur, la zona más poblada y explotada del inmenso territorio que es Australia. Tras pasar las magníficas montañas azules, poco a poco se entra en el outback, una llanura desértica de color rojizo, donde únicamente crecen pequeños arbustos. Quedan por delante muchos kilómetros de desierto hasta que lleguemos a ver otro tipo de paisaje, ya en el extremo norte del país. Allí volverán a aparecer los tonos verdes, con las selvas tropicales de los parques nacionales poblados por una rica fauna.

Son los territorios de los road trains, los trenes de la carretera, esos enormes camiones que arrastran varios remolques y que sólo están autorizados a circular en las carreteras del outback. Las escasas ciudades del interior están comunicadas hoy día por servicios de avionetas muy prácticos como los que utilizan los médicos del Royal Flying Doctor Service, que desde Alice Spring llegan hasta sus enfermos en avioneta.

Pero sobre todo estamos en la tierra de los aborígenes, que aquí mantienen sus santuarios espirituales como Ayers Rock. Más al norte están varias importantes reservas de aborígenes que desde 1967 disfrutan de todos los derechos civiles.

Ayers Rock, del rojo al ocre

Recorrer el desierto es sobre todo disfrutar de la experiencia, más que llegar a ningún sitio. A pesar de todo hay paradas inevitables, como Alice Springs y Tennant Creek, las dos únicas ciudades importantes del Desierto Central, y particularmente Ayers Rock, en medio de un enorme parque declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Los aborígenes llaman Uluru
a Ayers Rock, fabuloso monolito de arenisca roja de forma casi ovalada.

A 446 kms al sur de Alice Spring está Ayers Rock. Los aborígenes llaman Uluru a este monolito de arenisca roja de forma casi ovalada, de 348 m de alto y un perímetro de 9,4 kms. Al atardecer, la enorme roca se viste de sombras de diversos colores, desde un rojo intenso al ocre. En la base de la roca, hay grutas naturales en las que los aborígenes han dejado pinturas rupestres. Después, por un sendero, se puede ascender a la parte más alta de la roca. Desde su cúspide se pueden ver las 36 cúpulas rocosas de los montes Kata Tjuta (las Olgas), que se extienden alrededor de 3.500 hectáreas.

En cuanto a Alice Spring, su único interés es ser el centro del desierto. De la época colonial apenas quedan unas cuantas casas de madera que han sido reconstruidas en el mismo estilo de la época. Lo mismo ocurre con Tennnat Creek situada a 504 kms al norte de Alice Spring. En sus alrededores hay unas cuantas reservas interesantes, como la pequeña John Flynn.

El Katherine Gorge National Park es una de las visitas
más recomendadas
del territorio virgen.

El camino prosigue por Tataranka, un parque de 14.000 hectáreas con una piscina termal con poderes curativos, por las cuevas de Cutta Cutta, situadas al sudeste de Katherine, y por la misma Katherine, una población de 10.000 habitantes, que es la primera población importante antes de alcanzar Darwin, la capital de los llamados territorios del norte, 350 kms más al norte. El Katherine Gorge National Park es una de las visitas más recomendadas del territorio virgen, con unos impresionantes barrancos y las aguas del Katherine River atravesando las empinadas paredes.

Estamos ya en el Territorio del Norte, la tierra de Cocodrilo Dundee. Aquí todo cambia, sobre todo el clima y la vegetación que aquí se vuelve espesa y tropical. En esta inmensa región de enormes dimensiones, casi tres veces España, y escasísima población, todo es bastante salvaje. Mi periplo termina en su capital, Darwin, situada a la orilla del mar con un aire inconfundible de pueblo colonial y de frontera. Es además el punto de partida para llegar hasta las reservas septentrionales y sobre todo al Parque Nacional de Kakadu, la auténtica tierra de Cocodrilo Dundee, el primer parque nacional de Australia. Los mitos del cine también tienen su raíces en la tierra, aunque ésta sea inhóspita.

 
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