Frente a la inmensidad de la China continental, Hong Kong puede visitarse en un par de días. Tiempo más que suficiente para hacerse una idea general de los encantos que ofrece esta ex colonia británica que, además de una jungla de asfalto, esconde una jungla de verdad. Hong Kong es la gradilocuencia (en el buen sentido de la palabra).
Empezando por sus eficios, Hong Kong es una ciudad de alturas y centros comerciales. No en vano, Nueva York dejó de ser el símbolo de los rascacielos hace unos años para cederle tal honor a esta pequeña y poderosa isla bañada por el mar del Sur de China. Y en cierta medida, le róbó también su leiv motiv. Una razón de ser que viene a resumir el sueño americano, pero en Asia. Aquí todo el mundo puede conseguir lo que se proponga a base de trabajo y esfuerzo. Las oportunidades son infinitas.
La religión dominante en Hong Kong es el dinero. Los hongkoneses se jactan de que en su ciudad hay más Ferraris, Rolls Royces, Mercedes y BMW que en ninguna otra ciudad del mundo. Una realidad un tanto desperdiciada por las estrechas, empinadas y curviformes carreteras que componen el casco urbano.
Como casi cualquier ciudad asiática desarrollada, Hong Kong ofrece una sugerente mezcla entre Oriente y Occidente. Una mezcla que en Hong Kong es, si cabe, aún más evidente. El contraste es brutal a la hora de levantar un rascacielos. Es curioso cómo miles de andamios de bambú dan vida a edificios de más de 150 metros de altura. El más significativo es el 2IFC (Two International Finance Centre), que en sus 415 metros de altura da cobijo a innumerables tiendas de ropa, cosméticos, un supermercado, restaurantes, cines y demás.
Hong Kong es y no es China. Lo cual es una enorme ventaja. A todos los efectos, Hong Kong pertenece a China, pero el periodo de 50 años de transición que han de transcurrir desde que los ingleses devolvieran Hong Kong a China (en 1997) la convierten en una región especial, donde el régimen de libertades es mucho más distendido. Aún queda por ver qué pasará a partir del año 2047, cuando la ciudad pase íntegramente a manos chinas y se acaben los privilegios de la fórmula "un país, dos sistemas" que ahora rige.
Si sólo tuviéramos dos días para invertir en Hong Kong, la ruta empezaría en el distrito Central, centro neurálgico de las finanzas y lugar donde se arremolinan los rascacielos más sofisticados del mundo, como el Bank of China, el Lippo Center, Pacific Place, IFC o el edifico del banco HSBC, totalmente hueco por dentro. Los barrios de Kowloon y Nuevos Territorios también están repletos de rascacielos, pero son edificos residenciales con mucho menos glamour.
Su 'skyline' es la imagen de la ciudad repetida hasta la saciedad y que ilustra todas las postales y fotos
Después, a pocos metros andando en dirección oeste, llegamos al Soho, punto de encuentro de occidentales y expatriados. Si seguimos andando llegamos a Sheung Wan, barrio autóctono de las especias y el arte oriental, sobre todo en Hollywood Road. Llegados a este punto es buen momento para ascender al Victoria Peak, un leve monte donde se concentran las casas más caras de la ciudad (y del mundo). Resulta impresionante la vista desde las alturas. Es como ver la parte de atrás del famoso skyline, esa imagen de la ciudad repetida hasta la saciedad que ilustra todas las postales y que está tomada desde el otro lado de la bahía.
Para disfrutar del skyline en toda su plenitud, la Avenida de las Estrellas -réplica local de la Avenida de las Estrella de Hollywood, pero con actores locales- parece el lugar más apropiado. Las huellas de las manos de Jackie Chan y Bruce Lee estampadas en el asfalto hongkonés le dan un toque muy occidental. Tampoco es un mal sitio para disfrutar del skyline el bar Félix del Hotel Península, al que está permitido entrar aunque uno no esté hospedado. Y si se espera hasta las 8 de la tarde, una milimetrada Sinfonía de Luces a base de rayos láser y potentes rayos de colores nos alegrará los sentidos durante 15 minutos.
Hasta aquí, el Hong Kong cosmopolita, comercial y occidentalizado de las postales. Pero los que tengan más de dos días, descubrirán una impresionante isla prácticamente virgen. Otra ciudad completamente distinta y desconocida por el gran público, en la que las playas y rutas naturales para practicar hiking (senderismo). son la tónica principal. Ya que, por muchos rascacielos que proliferen, la ciudad está ubicada en una isla con clima subtropical densamente boscosa y muy vegetal. Y es que más allá de la jungla de asfalto, Hong Kong esconde una jungla de verdad.
Hay otra ciudad desconocida en la que las playas y rutas naturales para el 'hiking' son la tónica principal
Quizá la playa más interesante sea la de Tai Long Wan, en la península de Sai Kung, en el distrito de Nuevos Territorios. De difícil acceso, ya que además de autobús o metro es preciso coger un kaido (tipo de embarcación local) para llegar hasta sus cristalinas aguas. También son destacables las playas de Repulse Bay, Deep Water Bay o Stanley, al sur de la isla.
Los amantes de los deportes al aire libre encontrarán en Hong Kong un sinfín de rutas y caminos perfectamente acondicionados para disfrutar de unas buenas sesiones de hiking.
Quizá la ruta más asequible sea la que arranca en el Peak y recorre Lugard y Harlech, dejando a su paso varias reservas naturales de gran belleza. Hay que resaltar lo verde del paisaje debido al clima subtropical de la isla y a las lluvias torrenciales que arrasan la ciudad en primavera. Parkview y Dragon´s Back son otras de las rutas más aclamadas entre los aficionados. Ma On Sha y Lion Rock ofrecen vistas aún más impresionantes (y aire más puro), con el único inconveniente de que descansan en la lejanía de Nuevos Territorios. Una opción que cada vez cuenta con más adeptos, que contemplan el hiking como una vía de escape ideal contra la densa y constante contaminación que invariablemente corona el cielo de la ciudad.
© 2010 Unidad Editorial Internet, S.L. | Aviso legal | Política de privacidad