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CUBISMOS (III)

Sancti Spíritus y Trinidad: resistiendo en la vitrina

Sancti Spíritus y Trinidad fueron fundadas en el año 1514. Pero a pesar del tiempo transcurrido, estas dos ciudades, así como la saga que nutren, se mantienen erguidas en el área central de Cuba, inmutables, como llegadas a nosotros por un milagro desconocido.

Wendy Guerra / Fotos: Álvaro Leiva

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Actualizado lunes 11/08/2008 17:15 horas

Sancti Spíritus es la capital de la provincia del mismo nombre y sirvió de punto de partida para la conquista de Yucatán. Una ciudad que intenta conservar su centro histórico con edificaciones de los siglos XVIII y XIX, como su Parroquial Mayor, edificada en 1680.

Los espirituanos poseen además el lago artificial más grande del país: la presa Zaza. Con sus más de mil millones de metros cúbicos de agua, es la plaza perfecta para la pesca deportiva de todos aquellos amantes de la trucha. Canadienses o europeos aficionados al arte de pescar terminan recalando en este remanso de paz para robarnos los peces y la vida Tropical.

En Trinidad, uno va pisando con miedo a despertar a esta ciudad de su encantamiento

Trinidad, por su parte, es la Ciudad Museo de Cuba, y para mí, su vitrina colonial. Quedan pocas de estas joyas en el mundo. Llegó hasta nosotros, así, intocada, por el lujo que en su momento representó la aparición de la carretera central. Un simple cálculo o una componenda política sacaron a Trinidad de la ruta y la aisló por muchos años. De esta forma, imagino, Trinidad se convirtió en nuestra Pompeya y gracias al adelanto de las comunicaciones del siglo XX podemos hoy admirar una coqueta ciudad en la que uno pisa con miedo a despertarla de su encantamiento.

El tiempo cala sus edificios y a sus habitantes, expuestos como están a la fuerza de la luz y al desgaste de los ojos que la admiran. Villa de la Santísima Trinidad, ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pues se trata de uno de los conjuntos arquitectónicos más completos del continente. Ojalá podamos conservarla por muchos, muchos años más.

La frescura de sus patios

Trinidad es un ensamble de arquitectura de los siglos XVIII y XIX y, en menor medida, de los inicios del siglo XX. Hace años que no la visito, pero recuerdo las calles empedradas, las empinadas escalinatas, los caprichosos balcones y fachadas, la compleja herrería que guarda las puertas y ventanas de las casonas y que, abiertas de par en par, me dejaban ver la frescura inviolable de sus patios.

Cada una de esas viviendas es un museo por derecho propio y no sólo por el linaje de su pasado, sino por que lograron sobrevivir a pesar de años de escasez y de remiendos.

Cada una de esas viviendas de Trinidad es un museo por derecho propio y no sólo por el linaje de su pasado

Los trabajos de restauración son inigualables. Basta ver los de la Plaza Mayor o los de la iglesia de la Santísima Trinidad, que guarda piezas del erario sacro como el Cristo de la Vera Cruz y el altar de mármol dedicado a la Virgen de la Misericordia. Mi preferido es el Museo Romántico, situado en el antiguo Palacio Brunet; desde sus azoteas se puede observar el Valle de San Luís o Valle de los Ingenios. En éste, 75 ruinas de ingenios, casas de verano, barracones y otras instalaciones relacionadas con la fabricación del azúcar mueren cada día ante nuestros ojos.

En 1816 se construyó la Torre de Manaca-Iznaga de 45 metros de altura, desde donde una campana marcaba el tiránico ritmo de trabajo de las plantaciones. ¿Creían los trinitarios en la reencarnación? ¿Construían para varias vidas? ¿Por medio de qué milagro llegó todo esto hasta nosotros?

El enclave de La Villa de Trinidad fue bien pensado y se construyó rodeado de un paisaje natural exuberante. En la cercana cordillera del Escambray se encuentran los Parques Nacionales de Topes de Collantes y El Potrerillo. Con mas de 12.500 hectáreas; especies endémicas de la flora y la fauna; un clima fresco de lluvias abundantes que favorece el crecimiento de orquídeas, helechos arborescentes y pinos, es el lugar perfecto para quienes busquen un retiro exclusivo.

Envidiable paisaje

Yo no he visitado los Cayos de Sancti Spíritus pero cuentan que en la costa norte de esta provincia, en la Bahía de Buena Vista, desde Punta Caney hasta la desembocadura del Río Jatibonico del Norte, se ubica el Parque Nacional Caguanes. Allí se esconden 13 cayos de piedra o islotes rocosos de litología calcárea de la edad miocénica que poseen una diversidad paisajística envidiable. Estas costas del sur son siempre limosas y sus ecosistemas más importantes son los manglares, los pastos marinos y los arrecifes coralinos que aparecen en forma de parches.

Dicen que las playas de esta zona son paradisíacas, espero algún día poder visitarlas como un turista del patio que recorre naturalmente su país de punta a punta.

Por el momento nos quedamos con Playa Ancón en Trinidad, donde sí me he zambullido varias veces. Porque yo vivo enamorada de la vieja dama que resiste y resiste ciclones, cambios de clima y cincuenta años de escasez y lejanía de la capital. A pesar de todo, Trinidad esplende y los trinitarios, dueños de muchas leyendas y creencias, dicen ver pasar ánimas solas que van de pueblo en pueblo en busca del espíritu perdido de los ingenios.

Continuará... Próxima parada, Cienfuegos.

 
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