Kedougou, el lejano Este
de Senegal

Kedougou responde perfectamente a la imagen estereotípica de una pequeña capital de provincia africana: calles polvorientas, mercados coloristas y gente amable. Un simple paseo por sus alrededores hacia el río Gambia nos traslada a pueblos en los que el tiempo se detiene.

Texto y fotos: Ferran Guallar

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Actualizado lunes 15/09/2008 19:07 horas

La primera impresión de una 'gare routiere' en Senegal (y por extensión, en África) es, para el viajero desprevenido, la que sentiría al entrar en un cementerio de coches, dónde en vez de apilarlos, los aparcan en batería, semibatería, doble fila... En fin, tal cual van llegando. Sin embargo, a diferencia de la chatarrería, los coches de este garage vuelven a salir de ahí para conducir al viajero hacia los lugares más remotos del país y ofrecerle una experiencia difícil de olvidar.

Así empieza mi viaje hacia el sudeste de Senegal, en la 'gare' de Dakar, repleta ya de conductores y vendedores de billetes, agua, galletas y todo tipo de artículos, cuando todavía falta una hora para que salga el sol.

Tengo por delante entre diez y 14 horas de viaje hasta Tambacounda, acompañado de seis personas más en una ruta propuesta por el programa de ecoturismo responsable de www.ecoviajeros.org.

Mi viaje comienza en la 'gare' de Dakar, repleta de conductores y vendedores

Al asumir una misión como ecoviajero, el viaje se transforma en algo más que un recorrido turístico. Tengo un objetivo concreto que me 'obliga' a la interacción, aprendizaje y máxima implicación. He de hacer un inventario de los establecimientos y locales de la región de Kedougou y sus características.

El transporte público en 'sept-place' (siete plazas), con todas sus desventajas, ofrece al viajero la fabulosa oportunidad de aprender sin necesidad de entablar grandes conversaciones, es decir, escuchando y asimilando poco a poco los pequeños detalles de las vidas de cada uno de mis acompañantes.

Abdou es el boulanger (panadero) Diola, contratado por una compañía minera australiana para trabajar en un remoto rincón del país; Ousmane, el joven estudiante de Tamba, cuya mirada transmite aún más curiosidad que sus palabras; y el pequeño bebé, llamado 'aguacate', cuyo nombre me ha mantenido en vilo hasta el final del trayecto, momento en el que descubro que se llama Abdoulkader. El francés nos traiciona a su mamá y a mí.

La ruta Bassari

Transbordo en Tambacounda: otro 'sept-place' me lleva hasta Mako, atravesando el parque nacional de Nyokolo-Koba. Por el camino, un joven león cruza la carretera y, más adelante, un 'dikdik' y varios facóceros. La primera noche la paro en Badian, un ecocampamento situado en el río Gambia, fronterizo con el parque, dónde los hipopótamos y los monos se sincronizan con el viajero, ya en modo 'relax'.

Los Bassari y los Bedik fueron empujados por los pueblos islamizados hacia zonas montañosas

Al día siguiente me traslado a Kedougou y me alojo en el Campement Chez Diao, dónde Thiernaud y Oumar hacen lo imposible para ayudar al viajero. Kedougou responde perfectamente a la imagen estereotípica de una pequeña capital de provincia africana: calles polvorientas, mercados coloristas y gente amable. Un simple paseo por sus alrededores hacia el río Gambia, que rodea la ciudad, nos traslada de golpe a pueblos en los que el tiempo se detiene, exceptuando algún que otro móvil que cuelga del cuello, junto a los 'grisgrís' (amuletos).

Y aquí empieza la parte más espectacular del viaje, en la carretera que une Kedougou con Ethiolo, la capital del País Bassari. Los Bassari, así como los Bedik y muchas otras etnias en Mali o Guinea (entre otros) fueron empujados por los pueblos nómadas islamizados, como los Peul, hacia zonas montañosas y boscosas, elegidas con bastante buen gusto, todo hay que decirlo.

La primera parada, a sólo 20 kilómetros de Kedougou, trayecto fácilmente realizable en bicicleta, es el pequeño pueblo de Banda Fasi. Aquí, el alojamiento obligado es Chez Leontine, dirigido por una inteligentísima emprendedora Bedik.

Cualquiera de estos pueblos son la materialización de las leyendas del imaginario europeo

En Banda Fasi, y siempre con un guía experto, es posible ver de lejos el grupo de chimpancés que habita en el valle cercano. Las posibilidades desde este poblado son múltiples: recorrer a pie los montes Bedik a través de sus pueblos (Ethwar, Andiel, Iwol) o seguir en el transporte público hacia los pueblos de 'abajo', en la sabana, como Ibel y Salemata. Cualquiera de estos micropueblos son la materialización de las leyendas de duendes del imaginario europeo, dónde enormes 'baobabs' y 'fromagers' dan sombra a pequeñas cabañas redondas humeantes, que se asoman a las impresionantes vistas sobre la sabana y el macizo de Fouta Jalong en Guinea Conakry, dónde nacen los ríos Gambia y Níger.

Más allá, dónde acaba mi ruta, además de la carretera, se encuentra Ethiolo, la capital Basari, en pleno 'valle feliz', una especie de campiña inglesa diseñada por un espíritu creador africano. Allí tuve la suerte de asistir a una de sus tradicionales ceremonias animistas, basadas en las 'máscaras', espíritus encarnados que bailan y emiten sonidos guturales con extraños adornos y extasiados por el vino de palma.

Balingo, un emprendedor Basari y narrador de historias increíbles, ofrece su establecimiento (el único) para dormir. A la vuelta a Kedougu sólo falta hacer la, casi obligada, visita a la cascada y pueblo de Dindefelo, para cerrar, sin duda, una de las mejores rutas de África.

Ferran Guallar es ecoviajero.

 
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