¿Casarse en pleno vuelo... y disfrazado de piloto?

Dar el 'sí, quiero' rodeado de azafatas, cantar en un karaoke con vistas a la torre de control o aterrizar sobre las cabezas de los bañistas. Son algunas de las posibilidades que ofrecen los aeropuertos más curiosos del mundo.


Isabel García

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Actualizado miércoles 13/08/2008 18:39 horas

Hay aeropuertos con nombres llamativos como el Amarillo de Texas o el Golosón de Honduras. Otros resultan espectaculares por su altitud (el de San Rafael de Perú se acerca a los 4.000 metros) o su número de pasajeros (en los de Atlanta, O'Hare de Chicago y Heathrow de Londres sobrepasan los 65 millones al año). Pero también es posible casarse en alguno o darse un baño mientras le sobrevuelan. He aquí una lista de curiosidades.

1. Love is in the air...

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Puede elegir entre dar el 'sí, quiero' en el piso más alto del aeropuerto, el Skyport, con excepcionales vistas de todos los aviones que despegan o aterrizan. O en el nostálgico Dakota's Café, inspirado en la aviación de antaño. ¿Y qué tal hacerlo mientras se da una vuelta en un avión privado con todos los invitados disfrazados de pilotoso o azafatas? Eso, antes de disfrutar del banquete en la réplica del Palacio de Volksvlijt, con reportaje fotográfico y tarta al más puro estilo aeronaútico incluidos. Son sólo algunas opciones, pero el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam ofrece bastantes más a quien se case en sus instalaciones. Se pueden consultar y añadir mil sugerencias en www.schipholweddings.nl. Como ejemplo, el modelo Decir sí y partir anima a coger un avión rumbo a la luna de miel nada más acabar la ceremonia. O si no, los ya marido y mujer pueden pasar la noche en la terminal y salir al día siguiente.

2. Volando entre bañistas

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No muy lejos de Saba, y a unos 250 kilómetros de Puerto Rico, se encuentra la deliciosa Isla de San Martín, mitad holandesa-mitad francesa. Y su aeropuerto Princesa Juliana (www.pijae.com), célebre porque los bañistas de sus copiosas playas parecen codearse tranquilamente con los aviones que les sobrevuelan a cada rato. No les queda otro remedio, ya que las aeronaves (unas 200 al día, incluidos potentes Boeing 747) aletean a no más de 25 metros de sus cabezas. De hecho, el Gobierno local advierte incansablemente a los turistas de que no se acerquen demasiado por el "riesgo de lesiones o incluso muertes".

3. El mejor del planeta

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Son muchas las listas que pasan revista a los mejores aeropuertos, ya sea por sus servicios para los turistas, su tráfico aéreo, la eficiencia de sus empleados, el tiempo de espera en los controles o sus instalaciones. Véase la del Consejo Internacional de Aeropuertos (www.aci.aero), la de la revista Forbes o las de diferentes consultoras especializadas. Uno de los aeropuertos que suele ocupar la primera posición es el de Hong Kong (www.hongkongairport.com), considerado una de las obras de ingeniería más complicadas. Y todo porque fue construida a partir de una diminuta isla artificial, Chek Lap Kok, que fue destruida poco a poco para ganar terreno. Así hasta conseguir una terminal de 570.000 m², que dan cobijo a 150 bares y restaurantes abiertos las 24 horas del día, al hotel Regal Airport (www.regalairport.com), al que se accede a través de un pasadizo subterráneo, a un Centro Oriental de Masaje y a una sala de oraciones multiconfesional. Sin olvidar que la torre de control del aeropuerto es la más grande del mundo, con sus 123,2 metros.

4. Entre jacuzzis, karaokes, piscinas y hoteles de lujo

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El aeropuerto Changi de Singapur (www.changiairport.com) es el ideal para perder una conexión entre vuelo y vuelo. Literal. Más de un pasajero se habrá hecho el despitado para disfrutar de sus salas de descanso, sus peluquerías megafashion, sus cines, su supermercado, su spa, su gimnasio, su jacuzzi, su piscina en la azotea, sus bares con karaoke (auténtica pasión asiática), su jardín de orquídeas, sus hoteles de lujo por horas... Para los que dispongan de más tiempo, los responsables del aeropuerto incluso organizan visitas guiadas de dos horas en autobús por Singapur.

5. El más grande del mundo...

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Está en Pekín y, con su nueva terminal 3, acapara más de un millón de metros cuadrados, por los que está previsto que pasen 60 millones de pasajeros cada año. La inauguración (www.bcia.com.cn) llegó justo a tiempo para las Olimpiadas, después de un arduo trabajo de cuatro años para levantarla. Nada comparado con la construcción de otros gigantes de características semejantes... El responsable del diseño, al más puro estilo asiático, es Norman Foster. El prestigioso arquitecto británico se inspiró en los símbolos de Pekín para dar forma a su proyecto. La primera: un aeropuerto en forma de dragón plagado de columnas de acero rojas igualitas que las de los antiguos templos y con un tejado dorado a imagen y semejanza del de la Ciudad Prohibida. Además, el aeropuerto tiene un sistema especial para aprovechar la energía solar y otro que permite que su maleta esté en menos de 10 minutos en la cinta registradora. ¿Increíble?

6. ...Y el más pequeño

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Y, por ende, uno de los más peligrosos del planeta. Se trata del aeropuerto Juancho E. Yrausquin, en la volcánica isla de Saba, en pleno mar del Caribe. Administrado por el Gobierno de las Antillas Holandesas, cuenta con 396 metros de longitud, situados justo en medio de un acantilado. ¡Ideal para los que padezcan de vértigo...! Eso sí, quien consiga vencer el miedo y aterrizar en la isla, podrá disfrutar de un auténtico paraíso, con propuestas de ecoturismo, submarinismo, yoga...

7. Para verte mejor...

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El aeropuerto Incheon de Seúl (www.airpor.or.kr), en Corea del Sur, figura entre los mejores del mundo por sus facilidades para los discapacitados, su sauna, su campo de golf, sus hoteles, su centro de objetos perdidos (cuya lista completa se cuelga en su web)... Pero se incluye aquí por otra razón más anecdótica: en los mostradores de la aduana se ofrecen gafas de diferente graduación para todos aquellos que deban rellenar el minúuuuuuuusculo formulario de inmigración. Ver para creer... y nunca mejor dicho.

8. En una isla artificial

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El de Hong Kong no es el único construido en una isla artificial. El de Kansai (www.kansai-airpor.or.jp), en Osaka (Japón), también. De hecho, para su construcción (mide cuatro kilómetros de largo y uno de ancho) fue necesaria la mano de obra de más de 10.000 trabajadores, que tuvieron que excavar tres montañas. Se llega a él atravesando un puente de peaje, mientras que, por mar, hay una ruta de transbordadores. Una vez dentro, el aeropuerto es una paraíso para los adictos a las compras, pero también se alegrará el que necesite un dentista, ubicado en la tercera planta. Y más de lo mismo en el aeropuerto de Funchal, en Madeira (a href=http://www.anam.pt target=_blank>www.anam.pt), donde se creó un puente de hormigón armado para ampliar su escasa longitud y que pudiera soportar a los pesados Boeing.