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La Gran Barrera de Coral

Al otro lado del mundo, dónde la naturaleza aún parece salvaje e inhóspita, la Gran Barrera de Coral continúa siendo una de las últimas fronteras a conquistar por el hombre. A pesar del turismo, Queensland (Australia) es uno de los últimos rincones del planeta donde es posible disfrutar de la naturaleza en su estado más primitivo.

Pedro Madera

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Actualizado viernes 08/08/2008 17:51 horas

Al otro lado del mundo, donde la naturaleza aún parece salvaje e inhóspita, la Gran Barrera de Coral continúa siendo una de las últimas fronteras a conquistar por el hombre. A pesar del turismo, las costas del estado de Queensland son uno de los últimos rincones del planeta donde es posible disfrutar de la naturaleza en su estado más primitivo. Las dimensiones nos llevan a tener otro concepto del tiempo.

Los iniciados hablan de GBR (Great Barrier Ref.), cuando se refieren a esta espectacular obra de la naturaleza, que recorre la costa noroeste del estado australiano de Queensland, a lo largo de más de 2.000 kilómetros de longitud. El nombre no es gratuito. El coral, con las más sorprendentes formas y colores, parece el anfitrión de toda una fauna y vida marina única en el planeta. La Barrera es el mayor reclamo turístico de Queensland, el enorme estado del noroeste de Australia que refleja todo un estilo de vida.

A lo largo de la costa de Queensland los australianos, con un gran sentido práctico pero respetando profundamente la naturaleza, han ideado todos los medios imaginables para hacer accesible su impresionante belleza. La barrera es un paraíso para los buceadores de todo el mundo que pueden encontrar muchas fórmulas para acercarse con, mayor o menor riesgo, al fondo submarino.

Localidades populares

En las localidades turísticas más populares, como Cairos, Brisbane o Port Douglas existen centenares de propuestas para bucear, sobrevolar los arrecifes en helicóptero o hidroavión, llegar en catamarán hasta la barrera, etc. Pero además existen 300 cayos e islas continentales de origen no coralino, a menos de 70 kilómetros de la costa de Queensland.

Básicamente en la zona hay dos tipos de islas. Por un lado están las islas grandes que serían las crestas de montañas que sobresalen por encima de la superficie del océano. En éstas, la vegetación y la fauna, en caso de existir, es muy semejante al continente. Por otro lado, pero en tranquila convivencia, se encuentran las islas creadas por el crecimiento del coral, por encima del nivel del mar... La erosión y el agua hacen el resto.

Entre todas las islas de la Barrera hay algunos nombres que son emblemáticos, que simbolizan la privacidad, la exclusividad y el lujo como forma de vida. Es el caso de Lizard Island. Su extensión es de tan solo de 21 kilómetros cuadrados, con un máximo de 64 visitantes permitidos por día. Ya desde 1939 la isla fue considerada parque nacional, a pesar de lo cual se permitió abrir un hotel en 1972, de características muy especiales. Hoy cada una de las siete cabañitas son perfectas para unas exclusivas vacaciones y el parque nacional se ha ampliado a otras islas de alrededor.

Punto de interés

El principal punto de interés de la isla es el Lizard Island Research Station, organismo que, desde 1974, se ha convertido en un nombre emblemático para el cuidado de la Barrera de Coral. Con la ayuda de muchas compañías australianas y extranjeras, entre ellas la cerveza japonesa Suntory, el centro de investigación desarrolla toda clase de proyectos para evitar el deterioro de la zona. Además de científicos, la estación recibe una decena de visitantes por día, a los que se les muestra como se puede evitar el cáncer en el coral o como se ayuda al mantenimiento de la población de aves en la zona, siempre en frágil equilibrio.

La exclusividad y la privacidad son también los principales atractivos de la Isla Hayman, desde donde es posible acercarse en hidroavión a los arrecifes y descubrir la grandiosidad de la barrera: el juego de las diferentes tonalidades de las aguas verdeazuladas permiten distinguir las amplias plataformas coralinas o la aparición de una gran laguna en medio de un mar abierto. A pesar de la masificación, Hayman es uno de los conjuntos hoteleros más completos y exclusivos del país. La única forma de llegar es en avioneta o en el barco privado que el propio hotel pone a disposición de sus clientes.

Islas míticas

Otras islas se han ido transformando en verdaderos mitos como destinos vacacionales, como Hamilton Island que, a pesar de tener tan solo seis kilómetros cuadrados de superficie, ofrece toda clase de hoteles o restaurantes como el mítico Port Douglas, a unos 70 kilómetros al norte de Cairos. En los años setenta Port Douglas fue refugio de pintores, escritores, y 'hippies' de lujo que veían como sus pocos habitantes aceptaban con buenos ojos a sus excéntricos nuevos residentes.

Sus casas se convirtieron en galerías, sus talleres en restaurantes y el dinero siguió la senda. Así, casi en la frontera con Daintree National Park, la gente puede jugar al golf durante todo el año y disfrutar de la piscina de agua salada del Sheraton, mientras que en el bar más animado del pueblo los pescadores se quejan de la caída de los precios del pescado, de los malos negocios en el sector de la langosta o simplemente de los 'dingos', que aúllan mucho estas últimas noches.

Más al sur, la vida sigue este mismo ritmo lento, en poblaciones como Tully, Bowen, Gladstone o Townsville o incluso en Brisbane, capital de Queensland. La Naturaleza y las matrículas automovilísticas lucen orgullosas, Queensland: 'The Sunshine State'.

Obligada es también una visita hasta Surfers Paradise, en la franja costera denominada Gold Coast, que lleva en su nombre su identidad. Casi en la frontera con el estado contiguo de Nueva Gales del Sur, hoy asiste sin demasiada perplejidad, cómo a lo largo de esas playas de limpia arena y feroces olas se levantan toda clase de edificios, bloques de viviendas, hoteles 'shopping malls', apartamentos y 'resorts' edificados por emprendedores japoneses. El consumo también necesita su espacio.