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El agua como espectáculo

Para los que hemos seguido durante estos últimos dos años la transformación del meandro de Ranillas, de Cenicienta de un Ebro algo 'grunge' a flamante Princesa de la Expo frente a un río casi majestuoso, ver el proyecto terminado a tiempo ya es un triunfo absoluto.

Javier Mazorra

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Actualizado viernes 04/07/2008 15:17 horas

Pero como cada uno teníamos una visión preconcebida de cómo tenía que ser el resultado final, por muchas maquetas que nos hubiesen enseñado y a pesar de haber visto como crecían los edificios, la primera impresión al llegar al recinto suscita una reacción cargada de sentimientos contrapuestos.

Lo mejor sin duda son las obras que van a permanecer como parte integrante de la nueva Zaragoza: los puentes y muy en especial la que quizás sea la obra más hermosa de Zaha Hadid, ese espectacular puente pabellón al que sólo se podría poner un pero, el no haber pensado alguna forma de evitar las pintadas y grafitis que posiblemente le toque sufrir cuando se convierta en un paso público.

También hay que alabar el pabellón de España de Mangado que gana al verlo terminado, con sus columnas de cerámica que parecen salir del agua. El Palacio de Congresos sin ver su interior ya impacta a primera vista, como le ocurre al Pabellón de Aragón que al menos resulta curioso y el Acuario que ofrece la virtud de diferenciarse de todos los que se han inaugurado por toda Europa en estos últimos años al estar especializado en fauna de agua dulce, como homenaje a un Ebro que surge como verdadero triunfador de esta Expo.

¡Qué viene el tsunami!

Mucho menos positiva es la impresión que se recibe al pasear por la zona internacional, un enorme espacio de 60.000 metros cuadrados dividido en ocho pabellones interconectados y unidos por una cubierta superior que funciona a modo de parasol donde distintos elementos geográficos van englobando los más de cien países representados.

De pronto uno se da cuenta de la diferencia entre una Exposición Universal como la de Sevilla o la de Lisboa y las Internacionales donde a cada país se le da un espacio muy limitado, convirtiéndose en una especie de Feria de Turismo tipo FITUR, algo pobretona donde de vez en cuando surge algún destello de lujo como cuando se entra en el pabellón de Francia cuyo espacio duplica al de los demás si se excluye a Marruecos que ha creado un pequeño Palacio de las Mil y una Noches.

También habría que resaltar la originalidad del de Polonia que huele a bosque y salmuera, el de Suiza y el de Bélgica. Gustan mucho también el de Alemania y el de Japón aunque uno de los que consigue las colas más largas es el de Lituania donde los niños se divierten mojándose...En realidad el aspecto más recordable para el público más joven será sin duda ese lado parque de tracciones que tiene esta Expo sobre todo en la zona de las Plazas Temáticas y en los minipabellones institucionales donde se escuchan gritos como "Qué viene el tsunami..." y donde a pesar de existir un sistema para reservar las entradas a unas horas concretas se forman larguísimas colas...

Contenidos

A causa del carácter monotemático de la muestra, los contenidos son previsibles y monótonos... ¿De cuantas formas se puede contar la problemática del agua en una dos o tres mareantes dimensiones? De muchas pero aquí resultan en general de una banalidad apabullante, como el espectáculo pasacalles creado por el Circo del Sol que no aporta nada nuevo.

El capítulo de la gastronomía por otra parte se ha cuidado mucho, lástima que sólo los zaragozanos y la que gente trabaje en la Expo podrán aprovecharse de una oferta tan amplia, desde una auténtica parrillada uruguaya a un exquisito restaurante japonés. En esta Expo de Agua es posible comerse el mundo...parafraseando el título de uno de los blogs de ocholeguas.com. Aunque quizás lo mejor habrá que encontrarlo por las noches cuando se puede disfrutar de los muchos espectáculos a la luz de la luna a orillas del río.