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Viena, no sólo fútbol

La antigua capital austrohúngara no se conforma con ser conocida por la ciudad donde triunfaron Mozart o Strauss, donde Klimt, Schiele y Kokoschka marcaron un antes y un después en el arte contemporáneo, donde aún se puede admirar el conjunto más espectacular de edificios modernistas de Europa... Quiere ser también la gran protagonista de la cultura del siglo XXI.

Javier Mazorra/ Fotos: Roberto González

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Actualizado jueves 26/06/2008 16:07 horas

El primer paso ha sido la creación del que posiblemente sea el mayor conjunto de museos e instituciones dedicado al arte contemporáneo de todo el planeta. Bajo las siglas MQ (Museumsquartier) se esconden hasta treinta galerías y centros dedicados a la Cultura con mayúsculas. Para este ambicioso proyecto se han utilizado las gigantescas cuadras imperiales que el emperador Carlos VII mandó construir en 1719 a sus arquitectos favoritos Fischer von Erlach, padre e hijo, justo detrás del Hofburg, o palacio real.

Los dos edificios estrellas del MQ son los cubos blanco y negro que flanquean la Reithalle o antigua sala de equitación. El primero alberga la mayor colección privada de arte contemporáneo del país mientras que el segundo, cubierto por inquietantes placas de basalto, conocido como MumoK, contiene el Museo de Arte Moderno, una institución que palpita durante le día pero también de noche. Como otras muchas instituciones culturales de la ciudad, por lo menos un día a la semana permanece abierta hasta las nueve o las diez, formando parte de la oferta gastronómica y de ocio que ha surgido en este entorno. Y a su alrededor, en el barrio de Spittelberg, todo gira alrededor del diseño.

Galerías de arte

Detrás de fachadas neoclásicas, recién restauradas, se pueden descubrir tiendas curiosas, docenas de galerías de arte y los mejores café-beisl de la ciudad, una respuesta contemporánea a la pasión que se siente en esta parte de centroeuropa por la cultura del café. Si se busca prolongar la fiesta hasta la madrugada hay que dirigirse al barrio de Gürtel donde las arquerías que sostienen las vías del metro se han reconvertido en discotecas y bares de copas compitiendo con el ya clásico Triángulo de las Bermudas en pleno casco antiguo.

De pronto por toda la ciudad están surgiendo proyectos insólitos como el WUK en plena Währinger Strasse hasta ahora conocida por la colección de objetos anatómicos del Josefinum. Casi al final de la calle, en el nº59, en las naves de una antigua fábrica de locomotoras, se ha creado el Werkstätten und Kulturhaus, un centro cultural cuyo restaurante permanece abierto hasta la madrugada. Otro nuevo polo de atención es el barrio Freihaus-Viertel , muy cerca del multicolor mercado Naschmarkt donde se aglutina una oferta más alternativa con un toque bohemio e intelectual.

G-Town

Más curioso aun resulta lo que se ha hecho en los cuatro contenedores de gas municipales en el distrito de Simmering que ahora todo el mundo conoce como G-Town. Cada una de estas construcciones fueron cedidas a otros tantos arquitectos de talla internacional para que experimentaran de forma libre. Jean Nouvel, responsable de la ampliación del Reina Sofía de Madrid, ha dividido el interior de uno de ellos en segmentos radiales para convertirlos en un centenar de viviendas; Coop-Himmelb ha creado un espacio para conciertos pero también una residencia de estudiantes; y Manfred Wehdorn ha incluido un invernadero en su proyecto.Cada barrio de Viena es ahora una caja de sorpresas.

Incluso frente a la Catedral aparece sin complejos un edificio rabiosamente contemporáneo firmado por el arquitecto Hans Hollein pero también la Casa Haas, una antigua tienda de alfombras de 1867 que ahora ocupa una sucursal de Zara. El Ring o anillo circular, alrededor del centro histórico, sigue siendo una de las arterias urbanas más perfectas que quepa imaginarse, donde edificios como la ópera nacional que ha servido de modelo a otras muchas por toda Europa, comparte espacio con hoteles de cine como el Imperial o el Sacher pero también con la nueva fundación Karajan donde todos los melómanos tienen un cita en su excelente tienda de música clásica. Algo más allá, los amantes de la pintura tienen en la Academia de Bellas Artes uno de sus grandes templos.

En su interior se guardan obras maestras como El Juicio Final de El Bosco. Y a la salida siempre hay un café donde encontrarse con los artistas que siguen haciendo de Viena una de las grandes capitales de la cultura. El Café Museo en Friedrichstrasse nº5 es el más popular pero hay otros muchos como el Palmhaus ubicado en el invernadero de plantas tropicales del jardín imperial. Y tampoco el Danubio quiere dejar de ser protagonista en este nuevo siglo. Alli han surgido nuevos barrios como UNO City y Donaupark, que representan uno de los proyectos urbanístico más interesante de estos últimos años y durante el verano... docenas de playas con ambientes distintos que son ahora una alternativa a los tradicionales heurige, los merenderos de Grinzing donde cada otoño se prueba el vino que se produce en el mismo Viena, una de las pocas capitales del mundo con su propia denominación de origen.