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Lo nunca visto de París

He aquí 10 estaciones -cuatro menos que la cifra canónica del via crucis- para redescubrir la capital francesa a quien ya la conoce o para proteger al neófito de los espacios que las hordas de turistas ocupan como si fueran a desaparecer los monumentos.


Paris. Francia

La estación Arts-et-métiers, en la línea 11 de metro. / Foto: Gontzal Largo

Rubén Amón

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Actualizado miércoles 10/09/2008 18:25 horas

Una guía heterodoxa de París tiene más riesgos que una ortodoxa. Porque entran en juego inclinaciones personales. Y porque los hallazgos, sin pretensiones, de un recorrido alternativo implican relativizar las escalas totémicas de los viajes al uso. Sirvan por tanto estas 10 estaciones -cuatro menos que la cifra canónica del via crucis- para redescubrir la capital francesa a quien ya la conoce o para proteger al neófito de los espacios que las hordas de turistas ocupan como si fueran a desaparecer los monumentos.

1. Empecemos bajo tierra.

Concretamente en la estación de metro Arts-et- Métiers. Corresponde a la línea 11 y parece un espacio imaginado por Julio Verne a título visionario. En realidad, el túnel en metal, las turbinas y las gigantes ruedas industriales las planificó el diseñador belga François Schuiten. Y lo hizo inspirándose en la idea de un submarino. Una vez en la superficie, se recomienda al pasajero darse un paseo por los vestigios templarios del distrito III (1 rue de Saint Claude) y, a título compensatorio, visitar el museo de las muñecas (22 rue Beaubourg).

Notre Dame. Paris

Notre Dame alberga la corona de espinas de Cristo.

2. La corona de las coronas.

Ni los parisinos ni los foráneos conocen que la reliquia de la corona de espinas de Cristo se encuentra en la catedral de Notre Dame. Quizá porque antaño estuvo en la Saint-Chapelle o porque las autoridades eclesiásticas parisinas se cuidan de enseñarla a la feligresía. Unicamente puede contemplarse una vez al mes. Exactamente el primer viernes de cada mes entre las 15 y las 16 horas. Se trata de una ceremonia sugestiva, emocionante. Empezando por la teatralidad y la solemnidad con que se desenvuelven los caballeros del Santo Sepulcro.

3. Patrimonio radioactivo.

En el número 11 de la rue Pierre et Marie Curie se encuentra el museo dedicado a ambos científicos. No es una casualidad, sino una redundancia que viene a distinguir el laboratorio donde se descubrió el polonio y el radio. Puede verse exactamente tal como estaba cuando Madame Curie murió en 1958, aunque desde entonces y particularmente en 1992 se han realizado intervenciones preventivas y terapéuticas para descontaminar el 'templo' de la radioactividad.

4. Estómagos fuertes.

El epígrafe no alude a un restaurante especializado en manos de cerdo, sino a la resistencia visceral que exige pasearse entre las salas del Museo Depuytren. Está en el número 15 de la École de Médecine y es famoso entre los investigadores y los militantes de la causa gore porque alojan sus frascos y sus paredes una galería de horrores. Desde fetos cíclopes y corderos con aspecto de lobo, hasta criaturas hermafroditas y desviaciones de la naturaleza con la firma del diablo.

5. Tomemos aire. O tomemos el té.

Mayormente en el Círculo Sueco (Cercle Suedois). Un contrapeso aristocrático, anacrónico y restringido que puede visitarse exclusivamente el último miércoles de cada mes. Está en el número 242 de la rue Rivoli, a la vera del jardín de las Tullerías. Y es conocido por los cuadros que decoran las paredes de terciopelo -Grünewald en primer lugar- y porque entre sus salones y habitaciones se encuentra la que ocupó Alfred Nobel antes de firmar su testamento.

La ultima cena de Tintoretto.

'La última cena' de Tintoretto, en la iglesia de San Francisco Javier.

6. En la mesa con Tintoretto.

Los grandes museos parisinos acaparan el patrimonio en exposición, aunque algunas obras maestras pueden contemplarse en templos marginales. Sería el caso de la Iglesia de San Francisco Javier, ubicada en el distrito séptimo y conocida por los expertos del Cinquecento porque la sacristía aloja 'La última cena' de Tintoretto. Para poner más difíciles las cosas, únicamente puede visitarse entre las 9 y las 12 de los domingos, pero hacerlo es un acontecimiento sensorial.

7. Estación apocalíptica.

La Gare de l'Est aloja un secreto en su vientre. Exactamente debajo de las vías 2 y 3. Hablamos del refugio que fue construido en 1939 y ocupado por los nazis en el 41 como centro de operaciones clandestino e indestructible. Casi 70 años después, puede visitarse como si las 70 personas que lo ocupaban acabaran de marcharse. Todavía queda oxígeno en las bombas y funcionan las bicicletas estáticas que se utilizaban para alimentar la electricidad en caso de apagones.

Chinatown. Paris

Los almacenes Tang, en Chinatown.

8. Chine, Chine.

El barrio de Chinatown (distrito XIII) crece en todas las direcciones e impresiona por su vitalidad. Sirva como ejemplo el hormiguero de los almacenes Tang y los negocios de apuestas ecuestres, aunque la jornada es suficientemente dilatada como para recogerse en ceremonias espirituales. El garaje de la rue de Disque (número 37) eleva un templo a Buda con la percusión de los tambores y el sonido de los claxon.

Saint Sulpice. Paris

Iglesia de Saint-Sulpice, lugar de confesión.

9. Irse de...

Los lupanares parisinos fueron clausurados en 1946, aunque algunos pueden visitarse sin pretensiones de consumo. ¿Cómo encontrarlos? Hay que mirar con atención el número de los edificios. Empezando por la calle Saint-Sulpice, donde el 15 y el 36 a gran escala identifican todavía hoy los salones que hicieron famosos madame Betty y madame Alys, respectivamente. Se encuentran a un paso de la Iglesia de Saint-Sulpice. Un espacio para confesarse, releer el Código Da Vinci y reconocer con los ojos la misteriosa línea del Meridiano.

10. Orinar con arte.

Los servicios públicos de la place de La Madelaine convienen visitarse haya o no haya necesidades perentorias. Están reconocidos como monumento histórico, fueron concebidos en 1904 y llaman la atención por la nobleza de las maderas, la delicadeza de las cerámicas y el exotismo de las vidrieras. A cambio de 50 céntimos, el viajero tiene delante un museo funcional del Art Nouveau.

 
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